Capítulo 5 4

Skyler

No era un secreto para mí que, desde que Chase murió, Madeline se deprimió mucho. Pero no sabía que intentó suicidarse al sentir que no aguantaría ese dolor durante la eternidad. Tengo que admitir que la entendía, y más porque ella era un vampiro, un ser inmortal, y sé que amaba a Chase como si fuera su hijo biológico. La manera en la que cuidaba de Chase y lo apoyaba con los problemas que él tenía lo demostraban. Perderlo la afectó a grandes niveles. Ella pensaba que quien lo asesinó fue Caleb, que por desprecio y orgullo le arrebató la vida para desligarse de él y acabar con los problemas, pero la realidad es que fui yo quien no tuvo más remedio que hacerlo.

Una noche, Madeline salió de la casa sin hacer ruido y regresó a la tarde del siguiente día. Consiguió sangre de hombre lobo y buscó una pistola y una bala para matarse. Y se disparó en la noche, cuando no había nadie. Es una manera agonizante de morir. Sobre todo en su caso, porque moría lentamente. Por suerte Nate regresó a la casa junto con Andrew y, mientras uno de ellos sostenía a Madeline por el dolor, el otro sacaba la bala. Se salvó por muy poco y se sintió cansada durante días.

Nate parecía seguir conservando su sentido del humor que tanto lo caracterizaba, pero pude percibir una tristeza en él, esa misma que sentí cuando lo conocí, pero un poco más acentuada. Quería saber qué tenía, quería que me contara, pero tenía miedo de preguntar y hacerle mal. Pude suponer que se trataba de su hermano. Pero había algo más allí.

Luego de hablar de su madre, siguió Andrew en la historia, y sí, estaba saliendo con una chica, y al parecer se lo veía muy enamorado. Pobre de Sara. Ella aún lo amaba. Zach, en cambio, estaba soltero, y sin intenciones de buscar novia pero, por supuesto, por ahí tenía sus noches locas con alguna que otra chica. Y Sam, tal como Jason me dijo, no había regresado al pueblo y se sabía poco de él.

Era triste pensarlo. Los cinco siempre estuvieron juntos, siempre unidos, como era su promesa. No era nada usual que alguno tomara un rumbo diferente, pero luego de la muerte de Chase todo cambió. Las cosas no eran iguales. Además, no solo había muerto mi novio, sino que también el imbécil de Caleb y que, a pesar de haber sido despreciable para mí, para los chicos fue duro perderlo. Al fin y al cabo, era su padre.

Luego me tocó a mí contarle todo lo que a Chase le había contado hace un rato atrás. Se quedó sorprendido, y hasta noté un poco de molestia en él.

—¿Estás molesto conmigo?

—No.

—¿Entonces por qué tienes esa cara?

—Estoy pensando —apartó los ojos de mí.

—¿En qué piensas?

Me miró unos segundos, y luego, sorpresivamente, se tapó la cara, lo cual me dio a entender algo que me rompía el corazón. Me quedé sopesando la situación y analizando mi próxima acción. Era la primera vez que veía a Nate llorar, y no estaba segura de qué tipo de persona era él en momentos como estos: de esos que aceptan contención o de esos que huyen de ella y te tratan mal para apartarte. Pero me arriesgué a ser alejada y lo abracé, sin primero haberme asegurado de que sí estaba llorando.

—Ay, Nate.

Se aferró a mí con fuerza, como si se sintiera completamente solo y asustado. No oí su llanto, pero sabía que sí seguía llorando, porque su respiración era bastante irregular y algunas gotas mojaban mi hombro.

—Cuéntame qué sucede —pedí. Estaba preocupada por él. Pero Nate se quedó en completo silencio, y recién en unos minutos se separó de mí y tomó grandes bocanadas de aire para luego suspirar largamente y empezar a explicarme el motivo de su dolor. De todas formas, yo me daba una idea. Era por Chase.

—Todo está pasando, y a la vez nada sucede. ¿Entiendes? Todo se ha ido al carajo desde que él no está, ya nada es igual, Skyler. Él murió y papá también, y sé que él era un completo idiota y jamás le perdonaré lo que te quiso hacer, porque prefirió su libertad en vez de ayudarnos a salvarte y a ocultarte, pero era mi papá. Durante todos estos años de tener que cambiar de lugar para que nadie sospechara lo que somos fueron duros, porque te acostumbrabas a un lugar y luego tenías que irte cuando lo notabas necesario. Nosotros nos hemos metido en miles de líos, y Madeline y Caleb han estado recogiendo nuestras miserias. Lo echo de menos, y un montón. Y desde que Chase murió, las cosas entre los chicos y yo no han sido las mismas. Es como si faltara una parte de la ecuación. Él sigue siendo una pieza muy importante, y fue el mismo Chase quien nos hizo prometer que siempre estaríamos juntos. Y cumplimos esa promesa hasta que su corazón dejó de latir esa noche. Cuando tú te fuiste, todos lo hicimos. Mamá se deprimió y la sigue pasando horrible, con los chicos estuvimos con ella, y luego Andrew decidió volverse aquí a continuar con su trabajo porque quería estar cerca de la tumba de Chase, y meses después mamá se volvió muy insistente con querer regresar, así que con Zach decidimos volver. Sam simplemente no quiso, no sabemos casi nada de su paradero, no se está comunicando con nosotros, y eso me deja muy preocupado. Lo llamo pero no responde. Él tendría que estar aquí, apoyando a mamá, y sin embargo, no está y no contesta las llamadas. Todo está jodido. Me siento muy solo. Extraño pelear con Chase, hasta extraño que me golpee, ¿puedes creerlo? —se rio y me contagió. Pero me di cuenta de que mientras lo escuchaba yo había estado lagrimeando. Sequé las gotas y lo tomé de la mano.

—Sí, yo extraño hasta las amenazas que le hacía a Jason —sonreí.

—No suelo llorar frente a nadie —comentó.

—Yo no puedo decir lo mismo, lloro por todo y frente a todos.

Rodeó mis hombros con su brazo y besó mi cabeza.

—Yo también lo extraño mucho, Nate —le dije—. Todo el tiempo. No hay un solo día en que no piense en cómo estará. Quiero encontrar alguna manera de traerlo de vuelto, quiero sacarle provecho a esto de la magia, pero no sé cómo. Pero claro, primero tenemos que intentar resolver la metida de pata antes de que Chase me encuentre.

—Buscaremos alguna manera. Intentaré ayudar. Hablaré con Andrew y Zach.

—A Madeline no le digas nada. Ya demasiado tiene.

—No pensaba hacerlo, no puedo darle falsas esperanzas.

—¿Zach está cuidándola ahora? Pregunto porque supongo que no quieren dejarla sola. Hay que estar precavidos.

Negó.

—Andrew y su novia la están cuidando.

—¿Su novia es vampiro?

—Es humana.

—¿Ella sabe lo que Andrew es?

—No. Ya le he dicho que esto terminará mal, pero no me hace caso —se encogió de hombros.

—¿Sigues estudiando? —Quise saber. Yo iba a tener que inscribirme nuevamente en el instituto y si él estaba se me iba a resultar más ameno el regreso. Era obvio que con Jason no compartiríamos todas las cosas, así que no quería sentarme sola.

—Voy para terminar el instituto, pero no le presto mucha atención como antes. Nunca antes terminé el instituto por vago, así que es algo que sí o sí quiero hacer, pero ya no logro concentrarme como antes. Todo me está costando mucho. Lo bueno es que en las clases de Andrew tengo dieces porque él sabe que todo esto es duro para mí.

Acaricié su espalda.

—A todos nos está costando, no estás solo. ¿Qué haces para distraerte? Podemos hacer algo, yo también necesito distracciones.

—A veces salgo o simplemente me acuesto a dormir para no pensar. Ya que lo menciono, esta noche habrá una fiesta de disfraces, en la casa abandonada a la que fuimos esa vez. ¿Te gustaría ir? Irá Zach.

Esa en la que con Chase tuvimos sexo. Cómo olvidarlo.

Para fiestas no tenía ánimos, pero si Nate usaba estas cosas para distraerse, lo acompañaría. Incluso iba a obligar a Jason a ir con nosotros, porque teníamos planes de pasar el viernes juntos y no podía simplemente echarlo a su casa por ir de fiesta con Nate.

—Jason viene con nosotros.

—¿La brujita? —rodó los ojos.

Igualito a Chase.

—Sí, la brujita —golpeé su brazo—. Y no seas malo con él.

Se empezó a reír.

—Bien. Que nos acompañe.

Coordinamos la hora en que él pasaría por nosotros y me despedí de él con un abrazo, dejándolo tranquilo con la tumba de su hermano. Pensé en que tenía que buscar algún disfraz y que tendría que convencer a mi mejor amigo de asistir. Caminé hasta el auto aliviada de haber tenido una charla con Nate después de tanto tiempo, lo eché tanto de menos y podía sacar algo bueno de mi equivocación con el hechizo: me reencontré con dos grandes amigos. O mejor dicho, con dos miembros de mi familia.

—¿Qué pasó? Te tardaste, ya estaba por ir a buscarte.

—Me encontré con Nate y me quedé hablando con él. Me ha invitado a una fiesta. Y tú vendrás conmigo. Sé que me vas a decir que todavía no te agradan mucho los White, y que tú eres brujo y que ellos son vampiro, y que siemp...

—Bueno —me interrumpió.

—¿Dijiste bueno?

—Sí.

—¿Por qué? —lo miré desconfiada—. Eso no es propio de ti.

—Mi amiga universitaria me acaba de decir en un mensaje que irá, así que si yo también voy, eso significa que esta noche volveré a tener sexo.

Rodé los ojos.

—Uy, amigo, estás con tantas ganas de coger.

—Solo aprovecho —rio, y luego noté que hizo una mueca de disgusto.

—¿Qué tienes? —pregunté al momento en que se tomó de la cabeza.

—¡Ah! —se quejó y cerró los ojos con fuerza.

—Jason...

—Duele mucho.

—¿La cabeza? ¿Ha sido de golpe?

—S-sí.

—Mírame —quité sus manos de su cabeza para ver mejor su rostro, pero volvió a dejarlas en el mismo lugar después de quejarse más fuerte.

—Joder, duele, Skyler.

—Mírame —pedí preocupada. El corazón se me estaba acelerando.

Agarré nuevamente sus manos y logré ver su rostro. Justo en ese momento, la nariz de Jason empezó a sangrar, y él lo notó y tocó la sangre para luego verla.

—Mierda.

—¿Qué está pasando?

—Puede que e-el efecto de la abominación en la t-ierra esté afectándome. Quizá mi muerte se esté adelantando y... ¡Ah! —se quejó, y abrió la puerta del auto, nervioso—. No puedo respirar —estaba desesperado.

—¡Jason! —lo llamé, y me bajé también con él.

Jason se tomaba del estómago, como si le doliera muchísimo. Parecía sufrir. Sus palabras resonaban en mi mente, haciéndome sentir culpable y desesperada por actuar rápido y ayudarlo. Rodeé el auto y me apresuré cuando vi que Jason se cruzó a la calle diciendo que no lograba ver nada. Calló de rodillas en la mitad de la carretera, y empezó a escupir sangre.

—¡Jason, el camión! —grité, corriendo hacia él.

Él no se levantaba, y yo no llegaba a socorrerlo. El camión se acercaba, tocaba bocina para que Jason se moviera del camino, pero no parecía poder levantarse y alejarse.

—¡Jason! —me desgarré la garganta.

¡No llegaba a sacarlo!

—¡Jason! ¡No! —grité cuando el camión se lo llevó por delante.

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