Capítulo 6 5

Skyler

—¡Jason! —grité desesperada, con las lágrimas saliéndoseme. No podía creer lo que había pasado. Estaba en shock.

El camión frenó de golpe, rechinando fuertemente. No quería ver cómo había quedado el cuerpo de Jason, pero si aún seguía con vida, tenía que ayudarlo. Había sido un golpe muy fuerte, uno que probablemente lo hubiese matado, pero no podía darlo por muerto sin asegurarme. Temblando, llorando y con un dolor horrible en el pecho corrí hacia la parte delantera, esperando encontrar su cuerpo, pero no lo hallé. Busqué sangre en el camión y en el suelo, pero tampoco. Observé debajo del vehículo, y el cuerpo tampoco estaba allí.

—Jason —susurré, mirando el suelo y sin entender nada.

El hombre se bajó del camión de carga completamente asustado. Llegó hasta mí.

—No... ¡No lo vi! Y no pude frenar. ¡El tipo se me atravesó! ¿Dónde carajos está el cuerpo? ¡Sentí que golpeé algo! —se tomó de la cabeza. Parecía estar teniendo un ataque de pánico. Probablemente yo terminaría uniéndome a su ataque, estaba igual de desconcertada que él.

Mi celular vibró y miré quién era.

Nate.

A la tumba de Chase. Ahora.

—Ta... tal vez logró salir antes de que lo atropellaras —tartamudeé.

—¡Sería imposible! —prácticamente me gritó—. Estaba a dos centímetros de él, no pudo haberse corrido. ¡Y te dije que sentí que golpeé algo! ¡¿Do... dónde está su maldito cuerpo?! Yo... No entiendo.

—Oiga, no me grite.

—¿Qué mierda hacía en medio de la carretera? ¿Es suicida o qué?

—¿Qué? No, no es suicida. No sé qué le pasaba, yo... no sé —respondí, nerviosa, preocupada y ansiosa.

Mi teléfono volvió a vibrar.

Skyler. Tengo a Jason.

Y con ese mensaje volví a respirar.

—¿Qué... qué se supone que tengo que hacer? ¿Llamo a alguien?

Negué rápidamente.

—No, no, probablemente él esté bien —dije, queriendo correr hasta la tumba de mi novio para ver cómo es que Jason se encontraba y cómo Nate lo tenía.

—¡Te dije que es imposible!

—Insisto —le levanté la voz. Quería dejarlo ahí solo con su histeria, pero no podía simplemente largarme y ya porque esto era muy extraño para los ojos de ese hombre. Además, la consciencia luego me pasaría factura: ese tipo cincuentero traía un susto enorme y me daba miedo que colapsara o algo por el estilo.

—¡Golpeé a alguien, niña! ¡Lo sentí!

—Pudo haber sido una pajarito o una palomita —inventé. Él me miró mal—. ¿Qué?

—¿Tú ves algún pájaro o a una paloma?

—¿Y tú ves algún cuerpo por aquí o qué? —lo ataqué de la misma manera.

Ahí me miró peor.

—Los muertos no caminan, habrá logrado irse —dije, y me di la vuelta para irme.

—¿A dónde crees que vas?

—Me tengo que ir —caminé más rápido.

—¡No puedes dejarme así! Tengo que llamar a la policía —me gritó, pero lo ignoré—. ¡Oye! ¡Niña!

Me metí rápido en el bosque y corrí lo más rápido que pude por si él llegaba a seguirme. La noche estaba cayendo, la iluminación ya no era la misma de hacía rato y eso me ponía los pelos de punta, porque no quería quedarme tanto tiempo metida allí, el bosque podía ser aterrador de noche, pero lo bueno es que Nate estaba allí.

Vi a lo lejos a un chico arrodillado, de espaldas, y a otro chico tendido en el suelo y apresuré mi paso.

—¡Nate! —lo llamé para que supiera de que estaba cerca.

Cuando me paré frente a él, miré los ojos cerrados de Jason: él, al parecer, no tenía ni un solo rasguño, pero tenía manchas de sangre en su ropa y en su piel. Levanté la mirada para ver a Nate, y noté todo lo golpeado que estaba.

—Joder, Nate. ¿Qué diablos?

—Era él o yo. Y a mí un camión no me va a matar. A Jason lo hubiera despedazado.

—Dejaste que te chocaran... Lo salvaste —lo observé con los ojos llorosos. En este momento tenía ganas de darle un abrazo de dos horas. Nate nunca se llevó bien con Jason y, sin embargo, hoy le había salvado la vida.

Asintió haciendo muecas de dolor.

—Estaba aquí con Chase y oí la desesperación en tus gritos, así que corrí hasta que vi que iban a chocarlo. Llegué a empujar a Jason para correrlo del camino, pero no llegué a salir yo, así que me arroyó. Fui rápido, tomé a Jason y lo traje hasta aquí. Tú ni te diste cuenta de lo impactada que estabas. Me hubiera quedado tirado en la calle, porque no te das una idea de cómo duele esto, pero mis heridas hubieran empezado a curarse en unas horas y sería todo muy sospechoso, así que hice el esfuerzo y vine hasta aquí —me contó. La nariz de Nate comenzó a gotear sangre, por lo que procedió a limpiarla con su brazo. Su cuerpo estaba lleno de moretones horribles, moretones que me asustaban demasiado, al igual que los cortes y la herida que llevaba en la cabeza. Me dejaba tranquila saber que él era un vampiro y que esto no le afectaría como a una persona normal, pero de todas maneras, como dije, me asustaba un poco.

Nate se quejó del dolor y sostuvo su estómago con fuerza mientras recargaba su cuerpo en un árbol. Se levantó la remera: los moretones allí eran peores, más notorios y escalofriantes.

—Hijo de... —gimió de dolor—. Mierda... Duele.

Me acomodé para poder recostar la cabeza de mi amigo en mis piernas y tomé la mano de Nate, demostrándole cuánto sentía lo que sucedió y lo agradecida que me encontraba con él. Jason hubiera quedado hecho mierda si el camión lo hubiese arroyado a él.

—Me debes una grande, brujita —susurró quejándose del dolor. Me daba tanta pena verlo así.. Todo golpeado, sufriendo, quejándose, sangrando y con la respiración agitada y entrecortada.

—Ay, Nate... —besé su mano—. Me siento muy mal por ti...

—Sí, bueno, supongo que esto me convierte en héroe, ¿no? —musitó.

—Demasiado, sí.

—Su corazón sigue latiendo con normalidad, ha mejorado su ritmo, no sigue sangrando, pero no he logrado despertarlo, y eso que lo he intentado para poder insultarlo por meterse en medio de la carretera.

—¿Qué se supone que tengo que hacer? ¿Lo llevo al hospital? —estaba preocupada—. ¿Crees que despertará pronto?

—No tengo idea. Lo mejor será que lo llevemos a su casa.

—Él me dijo que cree que los efectos de la peste están empezando a surtir —le conté, mirando a Jason. Le acaricié el pelo.

—No sé qué puede ser —su voz se fue perdiendo. Sus ojos se cerraron.

—Nate —lo moví. Me miró con los ojos entrecerrados.

—¿Tienes el número de Zach o el de Andrew en tu teléfono? —preguntó.

—El de Zach. Andrew cambió el suyo.

—Llama a Zach. No me siento nada bien...

«Y claro, si te chocó un camión...»

—¿Sientes que te desmayarás también? —Quise saber mientras escuchaba los pitidos en el teléfono. Esperaba que Zach me contestara la llamada. De lo contrario llamaría a mis hermanos.

—Probablemente.

—Resiste.

—Estoy cansado —suspiró pesadamente.

—Parece como si te fueras a morir.

—No me voy a morir, pero sí dormiré un largo rato —tosió—. Necesito beber sangre para sanar más rápido. No he estado bebiendo... mucho —cerró completamente sus ojos.

—Nate —lo llamé, pero esta vez no me respondió y no se movió—. Nate —lo moví un poco, pero tampoco obtuve respuesta.

Genial.

Se había desmayado.

La noche caía.

Tenía a Jason inconsciente.

Tenía miedo.

Y Zach no contestaba la llamada.

Saltó el buzón de voz y, cuando me propuse buscar el número de Ryan o el de Luke, una llamada de Zach apareció en la pantalla. Sentí alivio.

—Zach, hola.

—Me sorprende tu llamada, no hemos hablado hace tiempo —su voz seguía siendo tan gruesa como la recordaba. Parecía ser más serio de lo que nunca vi que era.

—Sí, lo sé, y ahora que estoy en Hasser podremos vernos y ponernos al día, pero ahora necesito tu ayuda. Es urgente.

—¿Cómo es que estás en Hasser y yo no lo sabía? Hubieras avisado.

—Luego te cuento, ahora necesito que vengas a la tumba de Chase. Algo malo ha pasado con Jason y Nate. Sé que quieres preguntar cosas, pero no hay tiempo. Ven rápido. Ha pasado algo malo —repetí, mirando a los dos desmayados.

—Voy para allá.

Esperé a Zach durante quince minutos. En ese tiempo intenté hacer que los chicos despertaran, sobre todo Jason, que era el que más me preocupaba de los dos, pero no obtenía respuestas de ninguno. Nate parecía agotado, prácticamente muerto, y Jason parecía simplemente estar dormido porque, como mencioné anteriormente, no tenía ni un solo rasguño gracias a Nate. Cuando la espera terminó, Zach me dio un beso en la frente, y me preguntó qué es lo que había ocurrido. Le conté rápidamente y se llevó a Jason a su auto mientras yo me quedaba con el inconsciente Nate, casi en la oscuridad. Esa era una característica de Hasser: oscurecía temprano.

Mamá me llamó algo preocupada porque no llegamos con Jason a la casa antes de la hora acordada, por lo que aproveché a contarle sobre lo ocurrido. Me dijo que sí, que efectivamente esto que le había sucedido a Jason podía tratarse de la enfermedad que contrajo cuando yo aún era la famosa abominación. El hechizo que mi tía hizo para desacelerar el proceso estaba agotándose, así que me pregunté si la hora también le estaba llegando a mis hermanos.

La madre de Jason se quebró en llanto cuando le expliqué lo ocurrido. Jason continuaba sin despertar y eso aumentaba la preocupación de todos los que le teníamos aprecio. Me daba coraje pensar que hace momentos atrás estuve hablando con él de lo mejor, hasta habíamos acordado salir a una fiesta, como dos adolescentes "normales" en un mundo "normal", yo estaba algo entusiasmada porque necesitaba divertirme con gente a la que eché de menos, y él tenía ganas de ir porque sabía que iba a tener sexo en la noche, pero todo se tuvo que arruinar como siempre.

Durante la noche, Jason no despertó, por lo que a las diez de su madre decidió llevarlo al hospital. Jason era brujo pero también era humano, tenía un organismo normal, no como los vampiros, por lo que necesitaba alimentación, y si no despertaba, de alguna manera había que alimentarlo y esto se podía si él estaba bajo atención médica. Cuando llegamos al hospital, una enfermera pidió una camilla para mi amigo y se lo llevaron a hacer distintos tipos de estudios luego de que su madre les dijera que sangró por la nariz y la boca y luego se desmayó y no despertó. Todos los estudios salían normales, por lo que los médicos también empezaron a preguntarse qué carajos pasaba con Jason. Nosotros teníamos una idea, pero lo que no sabíamos era cómo hacer para salvarlo. Y ni siquiera sabíamos si él iba a poder despertar.

Mis hermanos llegaron al hospital junto a mi madre para brindar alguna clase de apoyo y esperar buenas noticias. Pasaban las horas y Jason seguía sin responder. En un momento no aguanté las ganas de llorar y me levanté de la sala de espera para derramar lágrimas en la soledad del baño. Otra vez en el día me sentía horrorosamente culpable por todo. La mamá de Jason se quejaba sobre la abominación, sobre quienes la engendraron, y formulaba palabras que era mejor que yo no repitiera. Y yo tenía que escuchar todos esos insultos, todo ese desprecio y ese odio profundo y asentir como si no tuviera nada que ver en esto.

Pasó un día: seguía sin despertar.

Pasó otro día: continuábamos sin respuesta alguna.

El tercer día llegó: tampoco despertaba.

El cuarto día terminó igual: sin respuesta.

Pero al cumplirse una semana, tuve un sueño que me dio algo de esperanzas. Pero claro, también me dio otras preocupaciones: tal vez yo no era la causante de lo que le ocurría a Jason. Tal vez ese culpable era el demonio de nada más y nada menos que Chase White.

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