Sacrificio, parte 3

Alden, con las manos manchadas de sangre y líquido amniótico, levantó suavemente un pequeño bulto que se retorcía. —¡Es un niño, Layla! ¡Un niño fuerte y sano!— Colocó al bebé sobre mi pecho. Pequeño, arrugado, cubierto por una fina capa de sangre, pero absolutamente perfecto. Sus diminutos puños es...

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