Capítulo ochenta

Frankie recolocó la mano de Gloria sobre su brazo, le alzó el mentón y la besó apenas, con cuidado de no arruinarle el labial.

—Podemos con esto —le aseguró.

Ella asintió una sola vez y dejó que la guiara hacia el salón de banquetes, donde la música se derramaba y la gente ya estaba de muy buen án...

Inicia sesión y continúa leyendo