SESENTA Y CUATRO

Charlotte

Seguí esperando a que él llegara, aunque ya me había dicho que no era necesario. Ya es la una de la mañana y sigo aquí, esperando frente a la puerta de su habitación. Mis ojos están hinchados de tanto llorar desde antes.

—¿Dónde estás?— murmuro y miro hacia abajo mientras me abrazo a mí ...

Inicia sesión y continúa leyendo