Capítulo 37 LA PRUEBA QUE NO PODÍAMOS VIGILAR

RENATA

—Sí, estaré a tu lado si decides casarte.

Mencía cerró los ojos.

—Gracias.

—No significa que te haya perdonado.

—Lo sé.

—Tampoco quiero que utilices mi presencia para convencerte de que todo volvió a ser como antes.

—No lo haré.

Esperé que intentara abrazarme. No se movió.

—¿Nada más? —pregu...

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