Capítulo 58 LA PUERTA QUE NO ABRÍ

ÁLVARO

—Tienes razón.

Renata apretó los labios. Seguía en la acera, con el café de mi padre a su espalda y veintidós minutos de mi desconfianza entre los dos.

—No uses esa frase para cerrar la discusión.

—No la estoy cerrando. Te seguí después de prometerte que no lo haría. Me quedé al otro lad...

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