Capítulo 2 capitulo 2

L.C, se da la vuelta perdiéndose detrás de las pesadas cortinas rojas aterciopeladas. Otto, al verlo largarse, suelta el maldito aliento contenido. De pronto, detrás de las mismas cortinas aparece Santino, la mano derecha de L.C. Era un tipo musculoso e intimidante, pero no tanto como su jefe, con la reputación que se gastaba era muy difícil que alguien hiciera de las suyas.

—¡Santino! —Lo saluda Otto con una sonrisa burlona.

—Aquí tienes tu pago —Deja una valija plateada sobre la mesa —. Saca a la chica de inmediato de la tarima. En 5 minutos iré por ella —Abre la maleta, y allí dentro se encuentra apiladas filas de billetes de una sola denominación.

—Sería más fácil si me hicieran transferencias —Otto sonríe con un brillo peligroso en la mirada.

—4 minutos —Agrega manteniendo la seriedad en su mirada.

Santino se da la vuelta dirigiéndose hacia los camerinos donde siempre solía recoger a la chica que su jefe compraba cada mes.

—Otto, un día de estos L.C terminará por asesinarte. Ese sujeto es muy peligroso, no le importo que todos nosotros amenazáramos con asesinarlo si te hacía algo —Le dice uno de los guardias.

—Es el mejor cliente que este maldito y putrefacto lugar puede tener, desde que L.C se volvió cliente habitual, he tenido mejores ingresos. Estas malditas perras, casi no atraen al público, pero con el ingreso de ese sujeto sí que me hago una buena pasta.

—¿Qué quiere que haga ahora? —Saca de la tarima a la perra que está bailando, y ordénale a Serena que salga y que esta vez haga su maldito trabajo bien, si no quiere que azote su jodido trasero esta noche.

Otto miraba aquella maleta plateada ante él y sonríe abiertamente, todo el mes estuvo esperado por esa venta. Estaba muy seguro que a L.C le iba a gustar la nueva. Siempre se llevaba a las chicas nuevas, era el primero en ofertar por ellas.

Los demás, únicamente pagaban para follarlas y nada más, él era el único que tenía el privilegio de llevárselas y no volver a traerlas.

Lo que hiciera con la chica, no era su jodido problema… pero asumía que no era nada bueno. Realmente, lo único que le importaba a Otto era que regresara mensual a por una nueva de sus zorrita.

[…]

Temblando del miedo y, soltando lágrimas sin parar, la joven que había sido comprada minutos antes permanecía de pie, mientras que Serena le secaba las lágrimas y a su vez limpiaba su rostro ennegrecido por el rímel corrido.

—Debes parar de llorar, no conseguirás nada bueno, si continúas llorando, ¿entendiste? —La joven morena la animaba a que cambiara de actitud, bien sabía lo que les pasaba a las chicas que lloraban sin parar.

—Solo quiero irme a mi casa —Contesta en medio del llanto.

—Niña, todas aquí queremos lo mismo. Pero una vez que estos cerdos malditos nos atrapan, ya nada más podemos hacer. No creas que hay un superhéroe en la calle rescatando chicas.

—Pero yo… —Responde a lo que su labio empieza a temblar.

—¡Ya basta! —Serena se ve obligada a cachetear a la muchacha, si la cachaban chillando como una estúpida, le darían una paliza, a ambas —Maldita sea, deja de llorar o harás que nos azoten estos putos de mierda.

La joven acariciaba su mejilla al tiempo que hipaba, seguía con la vista al piso. Serena la mira y siente lástima por ella, sabía que nunca más vería a la pobre diabla. Apenas había llegado la noche anterior, y ya estaba siendo vendida al mejor postor.

Posiblemente, su vida sería más desgraciada de la que todas en aquel infierno llevaban a diario.

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