Capítulo 4 capitulo 4

Rebosante de carisma y hermosura, la castaña encaminó sus pasos hasta la oficina de su padre, una que algún día sería suya.

Pero, para que eso sucediera debía aprender hasta del más mínimo detalle sobre la compañía, Rafael era una persona muy celosa y aunque ella fuese su hija, no se la cedería hasta que estuviera cien por ciento empapada en los negocios.

Por esa razón, Casey tenía una participación mínima de las acciones de su padre. Por ende, una milésima parte de esa empresa era de ella, legalmente hablando, por así decirlo… en cuanto toca la puerta del despacho de su padre, la misma se abre de repente dejando a la vista a Cauther, el socio de su padre.

La mirada de aquel hombre muchas veces daba un poco de miedo, pero su padre decía que era un buen amigo, confiable, pero sobre todas las cosas seguro.

Ella debía confiar en la palabra de su papá, ya que nunca se equivocaba. No se le podía negar, el viejo sabía lo que hacía.

—Buenos días, señor Acrom —Lo saluda con amabilidad, ella aún no se sentía preparada para llamarlo Cauther. Quizás cuando llegaran a ser socios igualitarios.

—Buen día —Contesta sin demostrar ningún tipo de emoción en su rostro. Pasa a un lado de ella dejando un fuerte aroma de su perfume, ni siquiera la había mirado al saludarla.

—¡Casey! —Exclama su padre desde el interior de la oficina —. Qué bueno que has llegado, hija mía. Ven pasa.

—Hola padre —Lo saluda con una sonrisa abierta.

—Has llegado muy temprano, la junta no será sino hasta dentro de una hora.

—Quise pasar antes para verte, últimamente trabajas mucho y casi no te veo en casa.

Ella se sienta llevándose toda la atención de su padre, era un hombre de complexión atlética a pesar de ser mayor. Todavía conservaba su guapura, la cual no la utilizaba para conseguirse una novia. Su madre había muerto hace 10 años, y parecía que aún no la superaba.

A veces sospechaba que no reacia su vida a causa de ella, quizás pensara que se iba a molestar.

—Esta noche llegaré temprano, te lo prometo.

—Papá, siempre dices lo mismo y nunca vuelves para cenar —Se queja.

—Sabes lo exigente que es esta compañía, hija. No se puede descuidar.

Casey aplana los labios, opino que ella tampoco debía ser descuidada. Desde que su madre dejo de estar presente, la mayoría de las veces siempre estuvo sola o con la niñera.

Y al entrar en la adultez, la situación fue empeorando, ya que dejo de ver por las noches a su padre. Llegaba tan tarde a casa, lo único que hacía era estar en esa oficina o viajando.

—¿Casey?

—Creo que daré unas vueltas, regresaré para la junta —Le contesta disimulando su tristeza.

—Hija, sé que no he sido…

Pero sus palabras se vieron interrumpidas por unos leves toques en la puerta, el hombre ordeno que pasara quien sea que fuera.

—Señor Monroe, el señor West acaba de llegar.

—Hágalo pasar. Casey, hija…

—Está bien, padre. Igual ya iba de salida —Contesta poniéndose en pie.

—Por la noche te prometo que cenaremos juntos.

—Eso estaría bien —Se aproxima al hombre quien se pone en pie y le deja un beso en la frente de la castaña.

—Nos vemos más tarde…

Ella muerde su lengua, por un momento creyó que le diría algo más… pero la realidad era otra, Rafael hace mucho tiempo que había dejado de demostrarle su cariño. Y no estaba segura de cuál sería su razón, de lo que si estaba muy segura era que le dolía mucho ese alejamiento.

En cuanto Casey se disponía a salir, se topó cara a cara con Genaro West, era un viejo amigo de su padre. Se conocían desde la universidad, así que eran contemporáneos, y desde entonces se visitaban todos los días.

Casey lo conocía desde que tenía uso de razón, siempre asistía a sus fiestas de navidad y le llevaba regalos impresionantes. ¡Obvio!, Genaro no tenía hijos, ni mucho menos una esposa.

Al igual que su padre, el hombre estaba bastante conservado. Se podría decir que eran hombres que se cuidaban muy bien a pesar del estrés que les causara sus empresas.

—¡Vaya! Pero mira a quien tenemos aquí, a la pequeña Monroe —Le sonríe el hombre con su reluciente dentadura. La mirada verdosa de Genaro era tan paternal que le sacaba sonrisas a Casey.

—Hola, tío —Y por esa razón desde que era una niña le decía tío.

—Esta niña me hace sentir un viejo cuando me llama así —Genaro la abraza sonriente, pero sus palabras fueron dirigidas hacia su amigo —. ¿Cuándo es que creció tanto, Rafael?

—Me hago la misma pregunta todos los días —Rafael observa orgulloso a su hija.

—Los dejaré para que conversen.

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