CAPÍTULO CIENTO DOCE

El agua se agitaba mientras Joel nadaba una vez más, alejándose de ella, sumergiéndose por completo, desapareciendo de la vista bajo las olas como un fantasma.

Esmeralda se quedó donde él la había dejado, con los brazos cruzados sobre el pecho, fingiendo no mirar, fingiendo que su corazón no latía ...

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