Capítulo 40 — No estoy enamorada de él, Gabriel.

¿De verdad estamos haciendo esto?

¿No estoy soñando?

La camioneta de Robinson recorría las calles de la ciudad como si fuera uno más.

El pelinegro, conducía con una mano en el volante y la otra sobre mi muslo, siempre posesivo y ahora mucho más.

Estaba vestido por completo de negro y su arom...

Inicia sesión y continúa leyendo