Capítulo 68 — Mis clases son costosas.

Robinson guió nuestras manos unidas, apuntando sin temor hacia el blanco.

Su cuerpo era un horno que me estaba volviendo loca.

—Respira, lucecita. Aguanta. Y cuando sueltes el aire, aprieta. Suave. Sin miedo. Como cuando te corres en mi boca.

¿Qué?

Sus palabras vulgares solo me calentaron aún má...

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