Capítulo 83 — La mujer del carnicero Duvall.

Robinson me siguió casi al instante y, mientras estuvimos de camino a la mansión, ninguno dijo nada.

Al llegar, me tomó del brazo y nos encerró en su despacho.

—¿Qué carajos estabas haciendo con él, Aurora? —rugió, empujándome sin demasiada fuerza—. ¿Planeabas tu fuga? ¿Pensabas volver con el mald...

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