48. Un alto precio a pagar

Después de unas horas de llanto, Luna Viviana finalmente dejó de llorar.

Mia se sintió aliviada. Escuchar los sollozos lastimosos de su amiga le causaba angustia porque se había quedado sin ideas para ayudarla.

—¿Estás bien ahora? —preguntó.

Luna Viviana asintió con la cabeza.

—Sí. Después de llorar...

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