Capítulo 8 No puedo soltarte

Entonces escuchó su nombre. Suave, ronroneante.

—Angy.

Era una voz humana, masculina. Era la voz de Nicolás, ronca y quizás algo agotada.

La mujer abrió los ojos de par en par y se encontró con él, de pie a pocos metros, observándola. Había recuperado su forma humana, o eso parecía. Apenas qued...

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