Capítulo 2 UN CORAZÓN INGENUO

Nos observamos en un silencio absoluto durante un segundo que se estira como una liga. Mis ojos bajan por instinto a sus labios antes de regresar al azul eléctrico de los suyos. De la nada, mi corazón comienza a latir con una fuerza descomunal, una sensación extraña y abrumadora que no logro descifrar en mi cabeza, pero de lo único que puedo estar segura es de que jamás en mi vida la había sentido antes.

Asustada por mi propia reacción, rompo el hechizo y me separo de él de inmediato, dándole un empujón torpe en el pecho para recuperar mi espacio. El calor de su cercanía sigue recorriendo mi cuerpo, pero es mejor no pensar en ello.

“¡Oh, cariño, aquí estás!” escucho una voz familiar detrás de mí.

Es mi madre. Volteo a verla por completo confundida mientras camina en nuestra dirección con su andar elegante y, como siempre, su sonrisa radiante. Mi mente comienza a maquinar mil cosas en un segundo, colapsando por la adrenalina. ¿Qué excusa puedo ponerle para justificar una situación como esta? ¿Cómo le explico que el tipo al que casi le quito el teléfono a la fuerza me acusaba de acosadora? Si mi madre se acerca, estoy segura de que este arrogante la tratará de la misma manera despectiva que a mí. Y si lo hace, sé que perderé el control; voy a defenderla como sea, sin importar que estemos en medio de un hotel de cinco estrellas.

“¡Qué bueno que pudiste venir!” sigue hablando mi madre, dando un par de pasos rápidos.

Sin embargo, noto que ella no me está mirando a mí. Pasa de largo mi expresión confundida y clava sus ojos en el hombre a mi lado. ¿Eh? ¿Qué sucede?

“Pensé que no habías podido venir debido a tu trabajo,” añade ella, extendiendo los brazos para darle un cálido abrazo a Axel.

Me quedo congelada, con el teléfono de él todavía apretado contra mi pecho, parpadeando sin entender absolutamente nada de lo que está pasando.

“Veo que ya se conocieron,” dice Dimitri con una sonrisa impecable, apareciendo justo al lado de mi madre. Estoy demasiado confundida.

Mi vista se dirige hacia él de inmediato. Sin embargo, Dimitri no me está observando a mí, sino al hombre a mi lado con una mirada como si le dijera que debe comportarse. ¿Por qué ambos se ven tan malditamente felices de que nos hayamos cruzado?

Lo mira fijamente, sosteniéndole la mirada fijamente con autoridad, como si le estuviera dando una orden silenciosa con los ojos de que debe comportarse.

Al recibir esa mirada, noto cómo el cuerpo de Axel se tensa sutilmente bajo su traje ahora impecable en comparación a unas horas antes. Su mandíbula se aprieta por un microsegundo antes de relajar la postura y asentir ligeramente con la cabeza hacia Dimitri; un saludo rígido, junto con un entendimiento de palabras sin pronunciarse que se transmite exclusivamente entre ellos dos.

Esa extraña y pesada familiaridad entre ambos hombres me hace dudar por completo. ¿De qué demonios se conocen? ¿Por qué se comunican como si se entendieran con una sola mirada?

Vuelvo mi vista de golpe hacia el exasperante y altanero sujeto a mi lado. Me quedo fija en el azul ártico de sus ojos, analizando la estructura de su rostro, su porte, la barbilla arrogante… y entonces, la respuesta me golpea con la fuerza de un puñetazo directo a mi estómago.

Oh, mierda. No puede ser.

Él parece estar tan confundido como yo pues voltea a verme también a pesar de su seriedad. Sus ojos se abren un poco más de lo normal y baja la mirada hacia mí, frunciendo el ceño con una incredulidad idéntica a la mía.

“Acaso tú…” alcanza a decir con la voz entrecortada, perdiendo por primera vez su fachada de superioridad.

“Daliah, él es Axel, tu nuevo hermanastro,” anuncia mi madre, juntando las manos con emoción pura mientras nos mira a ambos, “¡Me alegra tanto que se lleven bien desde el primer momento!”

[Un día antes]

Llego tarde… otra vez.

Mi madre va a matarme. A este paso, también llegaré tarde al día de mi propio funeral, aunque eso sea un pensamiento un poco pesimista, incluso para mí.

El celular en mi cartera no deja de sonar desde hace una hora, básicamente todo el trayecto hacia aquí, pero me niego a contestar, sigue vibrando como si intentara perforar mi paciencia. Se supone que debería estar en la oficina, pero hoy es un día importante para mi madre, y no pienso dejarla sola. Por fin, después de meses, me presentará a su misterioso novio.

Así que, quien sea que esté llamándome del trabajo, tendrá que esperar.

Me fui solo un momento de la oficina. ¿Qué tan grave puede ser? Voy todos los días sin falta, respiro más aire de esa empresa que de mi propio apartamento. Un rato de descanso no matará a nadie.

¿Una reunión sorpresa? Pueden arreglárselas sin mí.

¿Un nuevo trato con proveedores? Eso lo manejo medio dormida.

¿Problemas con las entregas? Nada que un par de llamadas no solucionen.

¿Un inversionista nuevo? Le mandaré después una canasta con vino y quesos; a todos les gusta.

Mis tacones resuenan contra el granito del pasillo del hotel. Algunos empleados me lanzan miradas reprobatorias mientras yo aparto gente de mi camino sin demasiada delicadeza. Lo sé, este es un hotel demasiado elegante como para comportarse así… pero prefiero enfrentarme a la seguridad del lugar antes que a mi madre furiosa.

Hoy conoceré a su novio.

¿La futura persona que tendré que llamar “padre”? Ugh… un escalofrío me recorre. No estoy segura de poder contradecirla si me lo exige, pero tampoco sé si podría pronunciarlo sin atragantarme.

Y estoy aterrada. Mis pensamientos me golpean con fuerza, uno tras otro: ¿Y si no me gusta? ¿Y si no es quien dice ser? ¿Y si todo lo que mi madre me ha contado de él es solo una fantasía romántica creada por su corazón ingenuo? ¿Y si la lastima? ¿Y si es un posible psicópata?

Quiero protegerla. Quiero que esté feliz, pero la idea de verla con alguien que no la merezca me asusta. Respiro hondo, no debo preocuparme de eso ahora, debo ser profesional y dejar mis problemas personales aun lado.

Doblo la última esquina y lo primero que llama mi atención es el brillo dorado de su cabello bajo las lámparas de araña. El peinado perfecto de mi madre, digno de una princesa de cuento.

Ella está de pie junto a un hombre que, incluso con sus altos tacones, sigue superándola en altura. No alcanzo a ver con exactitud su expresión, pero sé que sonríe… hasta que escucha el eco de mis pasos. Su rostro se gira hacia mí y yo me preparo para lo peor: su sermón por mi impuntualidad.

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