Capítulo 3 UNA NOTICIA IMPORTANTE
“¡Lo siento, lo siento, lo siento!” disparo, casi sin aliento, “Sé que llego tarde. Había un montón de tráfico y-”
“No te preocupes, cariño,” me interrumpe.
“Pero mamá, te juro que había muchísimo tráfico, no es mi culpa si mi auto-” … espera.
¿Dijo que no me preocupe? Enderezo la espalda y la miro con desconfianza.
“¿Qué acabas de decir?”
“Que no te preocupes. En realidad pensábamos posponer la reunión para otro día… ¿no es así, Dimitri?” dice ella, dirigiéndose al hombre que está a su lado. Él también sonríe, como si nada en el mundo pudiera alterarlo.
El hombre me observa. Es alto, con una presencia que llena el espacio sin esfuerzo. Su cabello, mayormente canoso, aún conserva algunos mechones marrones, peinados hacia atrás con precisión. Elegante, como si hubiera nacido para vestir trajes de miles de dólares. Sus ojos azules parecen absorber cada detalle, aunque no dejan de volver, una y otra vez, hacia mi madre.
Dimitri… así que este es el famoso novio.
No lo conozco. Y no me importa. No sé qué intenciones tiene con mi madre, ni por qué su traje parece más caro que mi auto. ¿Es dueño del hotel, o solo alguien que disfruta aparentarlo?
Solo estoy aquí porque mi madre así lo ha querido, no porque apruebe todo esto, pero al menos quería ver en persona de quien tanto me ha hablado.
“Disculpa mis malos modales, debí presentarme antes,” dice, extendiéndome la mano, “Me llamo Dimitri. Hanna me ha hablado mucho de ti, Daliah.”
Su gesto es formal, casi anticuado. Un apretón de manos. Educado. Demasiado educado.
Puff… supongo que quiere dar buena impresión.
Lo que no sabe es que yo nunca me dejo impresionar tan fácil.
Miro a mi madre, que aparenta una sonrisa tranquila… pero sus ojos la delatan. Esa preocupación sutil, esa forma en la que intenta ocultarlo como siempre. Por un momento, había olvidado detenerme a pensar en lo que ella siente. No quiero que crea que está haciendo algo mal por salir con alguien. Ella también merece distraerse, supongo, aunque no sé cuánto durará esta supuesta relación.
Le dedico al hombre mi mejor sonrisa, intentando ser educada. No puedo simplemente ignorar su saludo, a pesar de que ya me hago una idea de que no me agrada para nada este hombre, “Un gusto conocerte, Dimitri. Mi madre también me ha hablado de ti… aunque no lo suficiente como me gustaría,” digo, modulando la voz para que no suene tan cortante. O al menos lo intento.
El carraspeo de mi madre me confirma que no lo logré del todo, se que me sermoneara después, en privado por lo menos.
Dimitri suelta una ligera risa, como si mis palabras le resultaran más encantadoras que ofensivas, y entonces toma mi mano… llevándola directamente a sus labios. Eh? por que hace eso?!
El sonrojo me golpea de inmediato. No me esperaba eso.
“Eres tan divertida como tu madre,” dice, su voz grave y segura, con una calidez calculada.
En cuanto sus labios se separan de mi piel, retiro mi mano casi de un tirón. Me toma un par de segundos procesar lo que acaba de pasar. Por un instante me quedo sin aire, pero me obligo a recomponerme como si nada.
De reojo, miro a mi madre… error. Claro que lo ha notado. Sus ojos brillan, no de burla, sino de orgullo. Está encantada con su pequeño acto de caballerosidad.
Ya veo cómo la conquistó. Solo espero que no sea tan “cálido” con todas las mujeres, porque si es así… tendremos un problema.
“Ahora que se conocieron, podemos ir a almorzar,” dice mi madre, enlazando su brazo con el de Dimitri y pegándose a él con un gesto que me resulta excesivamente empalagoso.
Frunzo el ceño apenas un segundo. Definitivamente, voy a necesitar más de una copa de vino para sobrevivir a este almuerzo.
Antes de que pueda hacer algún comentario, mi teléfono vuelve a sonar.
¿En serio? ¿No pueden entender que estoy ocupada?
”¿Sucede algo?” pregunta mi madre, arqueando una ceja.
“No, no… no es nada importante, madre,” respondo mientras busco a tientas el teléfono dentro de mi bolso abarrotado. Necesito apagarlo antes de que me vuelva loca.
El aparato deja de sonar… solo para volver a hacerlo segundos después. Perfecto. Otra llamada. ¿Qué clase de urgencia tienen?
“Parece importante… si quieres, podemos dejar el almuerzo para después,” dice mi madre justo cuando mis dedos finalmente encuentran el teléfono.
“No es necesario, no es nada,” respondo mientras presiono la pantalla repetidas veces, intentando que el maldito aparato se silencie de una vez.
Ellos se miran entre sí, y por alguna razón, ese intercambio silencioso me incomoda.
“En realidad, Daliah…” dice Dimitri, con un tono suave pero cargado de intención, “este almuerzo era para darte una noticia importante.”
En ese momento, sin querer, contesto la llamada. Llevo el teléfono a mi oído mientras le digo al interlocutor que no puedo hablar ahora, pero tratando de tener algo de atención a lo que sucede con mi madre y su novio, se ven preocupados e intercambian miradas. Supongo que debe pensar que es muy grosero de mi parte ignorarlos para hablar por teléfono. Y eso es lo último que quiero, sin importar que no me agrade demasiado su relación.
“Daliah, esto es importante,” insiste la persona del otro lado del teléfono, alzando la voz.
“Y la noticia que tenemos es…” continúa, mientras Dimitri le sonríe con complicidad a mi madre quien le responde de igual manera como si fuera alguna especie de señal que desconozco.
Intento que mi tensión sea solo hacia ellos mientras intento colgar el teléfono presionando el tactil de mi teléfono aun sobre mi oreja, pero es imposible por el tono… desesperado? de la otra persona. Solo sigo asintiendo para que sepan que los escucho sin dejar de mirarlos. Pero no pasa ni un segundo silencio para comprender lo que estaba sucediendo antes de que por fin mi madre decide romper la tensión.
“¡Vamos a casarnos!” exclama mi madre, radiante.
Al mismo tiempo, la voz al otro lado del teléfono estalla con desesperación: “¡La empresa está en quiebra, Daliah! ¡Nos acaban de despedir a todos!”
