Capítulo 5 UNA REUNIÓN IMPORTANTE
Me intento incorporar saltando de la cama tratando de que no note que estaba dormida, como si pudieran verme en este momento a través del teléfono, “¿Dijo… entrevista?” balbuceo.
Pero cuando trato de salir de la cama demasiado rápido mi pie se enreda en la sábana, pierdo el equilibrio y caigo estrepitosamente al suelo dándome un golpe justo en la nariz que me hace echar un grito de dolor tan agudo que estoy segura que el departamento de abajo lo ha oído, o al menos eso interpreto cuando enseguida comienzan a golpear con lo que supongo es una escoba. Genial, a este paso volverán a colocar una queja con el casero. Algo más pesado que las sábanas cae detrás de mí, y apenas lo oigo sé lo que es.
Mi laptop, que golpea la alfombra con un ruido seco. No tengo tiempo de procesarlo, o verificar si se ha convertido en un millón de pedacitos.
“¿Señorita Morris?” pregunta la mujer al escuchar mi caos, “¿Se encuentra bien?”
¡La llamada!
“¡Sí, sí!” respondo de inmediato carraspeando mientras trato que mi voz no suene tan pastosa como cuando atendí la llamada, sigo forcejeando con las sábanas como si estuviera luchando por mi vida, “Claro que asistiré. Como especifico en mi currículum, soy muy puntual… no se preocupe por eso. Y… muchas gracias por la oportunidad.”
Hablo apresuradamente tratando de distraerla de todo lo que acaba de escuchar, me pongo de pie con torpeza, empujo las sabanas ahora en el suelo con el pie para no caerme otra vez, me aparto el cabello pegado a la cara con la mano desocupada y trato de recuperar una postura mínimamente profesional, aunque estoy de pie en pijama y con un calcetín desaparecido.
“La esperamos a tiempo, le enviare la dirección por mensaje, no queremos que se pierda. Y… Señorita Morris…”
El sueño desaparece de mí como si nunca hubiera existido. Ahora solo queda adrenalina pura.
“Si?”
“Nuestro tiempo es valioso, así que no lo desperdicie,” dice la mujer con una voz tan seria y fría que me atraviesa la columna.
“Sí, sí, no se preocupe, ahí estaré-” Pero ya colgó.
No importa en realidad, no puedo dejar de sonreír. Tengo una entrevista de trabajo…
¡Una entrevista! ¿No es eso maravilloso?! Es como caído del cielo, no puedo dejar pasar esta oportunidad. Miro la pantalla de mi teléfono, tengo diez llamadas perdidas de mi madre. Ay, Dios. No, no, no. Debería llamarla, pero… Veo la hora. 7:20 a.m.
¡NO LLEGO! Lo siento mamá pero hablaremos después.
Arrojo el teléfono hacia algún lado, Dios quiera que no haya sido la pared, y salgo corriendo al baño mientras me deshago de la pijama en el trayecto. Abro la ducha sin pensar; el agua fría me golpea la piel como agujas, pero no tengo ni tres segundos para quejarme. Mi teléfono suena de nuevo. ¿Será la empresa? No creo, pero… y si están llamando de nuevo para decirme que lo han pensado mejor y ya no me quieren para el puesto?
Termino de ducharme como puedo, pues aunque quiera no podría encontrar mi teléfono solo con el sonido debido al jabón en mis ojos. Cuelgan y luego vuelven a llamar, y así una llamada tras otra hasta que logro estar al menos un ochenta por ciento libre de jabón para salir del baño.
“¡Hola!” contesto mientras intento ponerme los pantalones con una sola mano.
“Hija, ¡por fin contestas! ¿Estabas dormida? ¿Y el trabajo?” es mi madre. Por supuesto.
Mierda.
“¿Dormida yo, mamá? No, por favor,” trato de sonar humana mientras me pongo la blusa al revés y luego al derecho, “Estoy… en el trabajo. Sí, eso. En una reunión. Una reunión muy importante.”
Me miro en el espejo con el cabello empapado y los ojos hinchados. No debí haberme lavado el cabello pero lo tenía tan sucio que era imposible presentarme así a la entrevista o pensaran que soy una vaga que ni eso puede hacer. Suspiro. Sí, muy profesional mi reunión.
“Bueno, solo quería recordarte que hoy también almorzaremos juntas,” dice con su tono dulce, ese que siempre me hace sentir culpable, “Dimitri quiere que tú y él se lleven bien,” Dimitri, Dimitri, Dimitri, últimamente mi madre no habla de nada más que no sea él, “Es importante. Y no hemos podido hablar bien sobre la boda, entre otras cosas… sé que todo esto debe ser difícil para ti, pero-”
No puedo dejarla seguir porque su preocupación empieza a desbordarse como una tormenta, y siempre logra arrastrarme con ella. No puedo dejar que esos sentimientos te dominen, o al menos no esta mañana.
“¡Mamá!” la interrumpo mientras busco desesperada mis llaves y me aseguro que ya tengo puesto la falda y los tacones y no vaya a salir desnuda a la calle, “No exageres. Me parece increíble que hayas encontrado el amor, en serio. Si casarte es lo que quieres, voy a apoyarte, ¿sí? De verdad.”
Siento su sonrisa del otro lado de la línea, estoy segura que lo que más le preocupaba de la boda era mi reacción.
“Esta bien, ya no me preocupare, te dejo para que sigas con tu reunión,” un golpecito de culpa justo en el medio de mi pecho, debería contarle pero aun no me siento preparada, pero no puedo prestarle atención a eso ahora, “nos vemos en unas horas cariño, y no llegues tarde,” dice mi madre canturreando antes de colgar.
Suspiro al fin, exhalando todo el aire almacenado en mis pulmones cuando escucho el pitido de llamada finalizada, temía que descubriera que en realidad ni siquiera he salido de mi apartamento a pesar de la hora. No podría explicarle porque no estaba en el trabajo.
Ya estoy vestida, lo cual es bueno, pero no tengo ni un segundo para maquillarme. Quizás pueda hacerlo en el camino… si no muero en el intento.
Cierro la puerta del departamento casi sin mirar, salgo disparada por las escaleras y llego al estacionamiento con solo mi bolso, el teléfono al fondo de él y la carpeta con mi documentación. Mi auto está ahí, silencioso, como un posible traidor. Solo queda rezar porque esta no sea otra batalla a la que deba enfrentarse hoy.
“Por favor, bebé, no me falles hoy…” susurro mientras meto la llave con manos temblorosas una vez ya dentro del auto.
Giro, y el motor tose. Tose otra vez. Y yo contengo la respiración como si dependiera de ello. Por favor, por favor, POR FAVOR…
El motor finalmente despierta con un rugido irregular, pero suficiente. Me dejo caer contra el asiento con un suspiro de alivio, el corazón latiéndome en la garganta, la respiración temblorosa, el cabello aún chorreando agua.
Pongo las manos en el volante, tratando de enfocarme mientras el motor vibra bajo mis pies. Mientras pongo el coche en marcha y esquivo los primeros autos de la mañana, pero enseguida un pensamiento traicionero me interrumpe sin avisar, como siempre que siento que las cosas podrían comenzar a estar un poquito bien.
¿Y si todo esto termina siendo una trampa para secuestrar personas? ¿Y si acabo de aceptar una entrevista con la gente equivocada?
