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—Puedes mantenerlo encerrado; solo dale comida y agua de vez en cuando —respondió Luca, apartándose las manos de la cara.

—¿Qué? Ese es tu jefe. ¿Cómo puedes sugerir semejante crueldad?

—No sé qué más decirte, Rosa. Eres mi única opción.

—¿Y el hospital? —insistió ella, mirando de reojo la puerta...

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