Capítulo 13 Las cuarenta y ocho horas

La luz gris del amanecer se filtró por la cortina rota del apartamento.

Abrí los ojos con la sensación de haber dormido apenas unos minutos. El cuello me dolía de haber estado encogida en el sillón. La manta de Sofía seguía envuelta alrededor de mi cuerpo como un escudo precario. Durante un segundo...

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