Capítulo 24 La herencia que nadie pidió

La lluvia no había cesado cuando llegamos a la mansión.

El agua caía con la misma insistencia pesada de hacía una hora, convirtiendo el camino de grava en un espejo oscuro y los faroles del jardín en manchas borrosas. Adrián aparcó frente a la entrada principal. Ninguno de los dos se movió de inmed...

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