Capítulo 7 Cuando el mundo se detiene

El silencio que dejó Adrián al alejarse con el teléfono pegado a la oreja fue peor que cualquier grito.

Me quedé paralizada frente a la chimenea, con los labios todavía hinchados del beso y el corazón latiéndome en un ritmo irregular y doloroso. El calor del fuego ya no me llegaba. Solo sentía frío...

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