Capítulo 6 06
Caminaba de un lado a otro, mientras observaba al doctor hacerle los respectivos análisis a aquella mujer, tratando de descartar lesiones graves. Según comentaba, no había sufrido golpes en la cabeza, así que no entendía porque ella estaba actuando como una lunática pidiéndole a un extraño que se casara con ella.
—Bien, señorita Stevens, tratamos de contactar a su familia, pero no hemos obtenido respuesta.
La voz del médico me hizo salir de mi ensimismamiento, y me paré en seco frente a ellos, cruzándome de brazos y viendo con atención a la extraña. Él me miró fijamente, antes de ver en su expediente.
—¿Ya dio sus declaraciones a la policía? —me preguntó.
—Sí, hace un momento expliqué como ocurrieron las cosas, pero ellos lo confirmarán con la cámara de seguridad del semáforo.
En donde también verían que iba hablando por teléfono. Definitivamente estaba en problemas.
—Entonces, ¿por qué sigue aquí? —cuestionó, extrañado, una vez que se acercó a mí cuando iba de camino a la puerta.
—Bueno, no vi bien dejarla sola. Quiero esperar a que su familia llegue.
El doctor asintió con la cabeza.
—Bueno, seguiremos llamando a ver si alguien contesta. —me informó, antes de retirarse.
Solté un suspiro profundo, mientras volvía la mirada hacia la mujer en la camilla, y ¡válgame Dios!, vale que lo hice, ya que ella estaba tratando de ponerse de pie.
—Te harás daño —le advertí, acercándome a ella.
—¿Qué hora es? —inquirió, permitiéndome ayudarla a sentarse en el borde.
—Las diez y media.
—¡No puede ser! —exclamó con angustia. —. Tengo que casarme, tengo que casarme pronto —dijo, con histeria.
No lograba comprenderlo, ¿Cuál era su urgencia por casarse?
—Dijiste que había arruinado tu vida —tomó mi mano. —. ¿De qué forma?
—Soy abogado, tenía un caso importante y lo perdí por estar aquí, contigo. —le conté. —. Lo perdí todo.
—Yo podría ayudarte —me informó, intentando ponerse de pie nuevamente, pero el dolor en su tobillo debió ser muy fuerte, porque soltó un jadeo y volvió a sentarse, rendida. —. Soy dueña de una empresa, Stevens Textiles, pero solo conservaré mi puesto si estoy casada antes de los veintiocho años, cosa que pasará a la medianoche.
Alcé ambas cejas, viéndola con evidente sorpresa. Ahora comprendía su insistencia.
—Mi padre puso esa cláusula en su testamento. Oye, si no me caso ahora, todo aquello por lo que tanto me he esforzado pasará a manos de mi medio hermano. ¡Él ni siquiera sabe cómo administrar una maldita empresa! —gritó con histeria. —. Te daré lo que quieras; un puesto en la empresa, o te abriré tu propio consultorio. Pero, por favor, cásate conmigo, antes de la media noche.
Estaba en estado de shock, simple y sencillamente me había dejado en blanco. ¿Ella era quién? ¡Santos cielos!, ¿de todas las personas que podía haber chocado ese día, tenía que ser la heredera de Malcolm Stevens? Uno de los empresarios más controversiales de la ciudad, debido a los daños al medio ambiente que su empresa provocaba, y, de igual manera, uno de los más millonarios.
Bueno para los negocios, pero, al parecer, un idiota como persona… ¿condicionar a su hija a casarse para asumir el control de la empresa? ¡¿en qué pensaba?!
—Por favor, ayúdame y te ayudaré. —insistió.
—Pero yo…
—No eres casado, lo sé, porque no llevas anillo.
Arqueé una ceja.
—¿Qué te hace pensar que no soy un infiel que oculta su anillo? —cuestioné, tratando de aligerar aquel ambiente cargado de ansiedad.
—Porque habrías respondido “lo siento, estoy casado” en lugar de esa estupidez —contestó, un tanto grosera. —. Esto nos beneficiará a ambos, tú…
—Will. —completé, al entender que esperaba saber mi nombre.
—Sí, Bill. Te ayudaré a impulsar tu carrera, si tú me ayudas a conservar las empresas de mi padre.
¿Era una maldita locura el siquiera estar considerando aquello? Tenía veintinueve años, seis años atrás me había graduado de la facultad de derecho y aún no conseguía una oportunidad para hacerme un nombre. ¿Aún era joven? Sí, pero debía aceptar que era el mercado más saturado de la ciudad, había miles y miles de abogados, y yo no contaba con contactos que me echaran una mano.
—No hay forma de que puedas casarte antes de la medianoche. —le respondí, guardando las manos en mis bolsillos, mientras negaba con la cabeza.
No podía hacerlo.
—Sí la hay… matrimonio por causa de muerte.
—¡¿Disculpa?! —exclamé, abriendo los ojos ampliamente. —. Pero no estás muriendo.
—Tendrá que haber una forma de que nos permitan casarnos bajo ese estatus.
“¿Casarnos?”, yo no había confirmado que me casaría con ella.
—No la hay, aparte, necesitarías dos testigos y a un sacerdote. —respondí, negando con la cabeza.
—Llamaré a un par de enfermeras, y buscaré a un sacerdote. Fui bautizada en la iglesia católica, eso ayuda.
¿Cómo rayos sabía todo aquello?
—¡Ni siquiera me conoces! —exclamé, provocando que me observara con desconcierto.
—No necesito conocerte, esto no será un matrimonio real —aclaró. —. Solo tenemos que fingir que nos amamos, una vez que los miembros de la junta crean que todo es real y confirmen mi mandato, esto se terminará. Eso sí, habrá capitulaciones, lo mío es mío, y lo tuyo, es tuyo.
Joder… me lo estaba pintando todo color de arcoíris.
