Capítulo 34 El peso de las horas vacías

El peso de las horas vacías

Los días siguientes se arrastraron con una lentitud que Elara no sabía si agradecer o temer.

Por primera vez en semanas —o en vidas enteras— no había que huir. No había que revisar cerraduras tres veces. No había que dormir vestida por si había que salir corriendo en mi...

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