Capítulo 4 UNA NUEVA OPORTUNIDAD
En ese mismo momento la lluvia también caía sobre Italia.
Las enormes ventanas de la mansión Visconti permanecían abiertas mientras el viento hacía ondear las cortinas de terciopelo. El cielo estaba cubierto por nubes negras y los relámpagos iluminaban, por breves instantes, la imponente residencia construida sobre una colina desde donde podía contemplarse casi toda la ciudad.
Los sirvientes corrían desesperados por los pasillos.
—¡Busquen al joven amo!
—¡Revisen los jardines!
—¡Que nadie salga de la propiedad!
Las órdenes se cruzaban unas con otras mientras los guardaespaldas recorrían cada rincón de la mansión con el arma oculta bajo la chaqueta, nadie quería ser quien diera la noticia al jefe de la familia Visconti, Donatto había desaparecido, se había enterado que su propio padre había asesinado al hombre que amaba.
Gianella Calassi subía las escaleras casi sin sentir las piernas. Las lágrimas le nublaban la vista mientras repetía una y otra vez el mismo nombre.
—Donatto... por favor... por favor no lo hagas... no me dejes.
Sabía exactamente dónde encontrarlo, no porque alguien se lo hubiera dicho, lo conocía demasiado bien. Desde niños, cuando él escapaba de las clases de protocolo, siempre terminaba escondiéndose en el mismo lugar.
La azotea.
Empujó la pesada puerta metálica con todas sus fuerzas, el viento golpeó inmediatamente su rostro, allí estaba, de espaldas, completamente inmóvil.
Vestía un elegante traje negro, pero la lluvia había empapado la tela hasta pegarla a su cuerpo. Sus manos descansaban dentro de los bolsillos mientras observaba las luces de la ciudad como si quisiera grabarlas por última vez en la memoria.
—Donatto...
Él sonrió con tristeza sin darse la vuelta.
—Sabía que serías tú quien me encontraría.
Gianella caminó lentamente hacia él.
—Todos te están buscando.
—Lo imaginé, era obvio, el único heredero de Donatello Visconti no se puede esconder por mucho tiempo.
—Tu padre está desesperado.
Donatto soltó una pequeña risa.
—No... mi padre está furioso porque lo descubrí.
Ella sintió un nudo en la garganta, conocía demasiado bien aquella voz, era la voz de alguien que ya había tomado una decisión.
—Ven conmigo. ¿Sí? por favor Donatto.
—No puedo.
—Sí puedes.
—No, ya no Gia, estoy cansado, él lo arrancó de mi vida sin importarle si yo era capaz de seguir viviendo sin él.
El silencio volvió a instalarse entre ambos, solo se escuchaba la lluvia golpeando el mármol y el lejano rugido de los truenos.
Gianella dio otro paso.
—No tienes que hacer esto, lo resolveremos, como siempre lo hacemos Donatto, siempre juntos, ¿Recuerda? por favor Donny.
Donatto cerró lentamente los ojos.
—Ya no queda nada para mí.
Ella negó con desesperación.
—Claro que sí.
—¿Qué queda?
Su voz se quebró por primera vez.
—El hombre al que amaba está muerto, mi padre lo mató a sangre fría.
Gianella sintió cómo el pecho le ardía, había estado enamorada de él desde que tenía quince años. Lo acompañó cuando supo que sus gustos no eran tradicionales, él era gay, ¿Cómo el hijo de un jefe de la mafia que lo único que pide es continuar su linaje podría ser gay?, pero ella lo apoyó, lo cuidó, lo vio sonreír por otro, llorar por otro, esperar por otro y aun así, jamás dejó de amarlo. Nunca intentó cambiarlo, nunca le pidió que la mirara de otra manera, le bastaba con verlo feliz, aunque esa felicidad jamás pudiera incluirla.
—Él no querría esto —susurró.
Donatto dejó escapar una amarga sonrisa.
—Ya no importa lo que él quería.
Gianella respiró hondo antes de reunir el valor suficiente para decir aquello que llevaba años guardando.
—A mí sí me importa.
Él al fin giró lentamente la cabeza, sus ojos verdes que alguna vez estuvieron llenos de luz, estaban completamente vacíos, ella sintió que el corazón se rompía, jamás lo había visto tan destruido.
—Siempre me importará lo que te pase Donatto, por favor, quédate conmigo, yo te quiero mucho.
Donatto la observó durante varios segundos, después levantó una mano y acarició con infinita ternura la mejilla de su mejor amiga.
—Lo sé.
Aquellas dos palabras hicieron que las lágrimas comenzaran a caer sin control.
—Entonces ven conmigo, por favor, entremos, hablemos.
—No puedo.
—¡Sí puedes!
Ella sujetó con fuerza su mano.
—Nos iremos lejos, empezaremos de nuevo, solo los dos, diremos que somos hermanos, no me importa el apellido Visconti, no me importa el dinero, no me importa la mafia, podemos empezar otra vida, Donatto por favor te lo ruego, no me dejes.
Donatto negó lentamente con la cabeza.
—Nunca me dejarían ir.
—Entonces escaparemos, cambiaremos de cara, de pelo, de ropa, de mundo.
Él sonrió con una dulzura que ella jamás olvidaría.
—Siempre fuiste demasiado buena conmigo.
Gianella dio un paso más y terminó abrazándolo con todas sus fuerzas, escondió el rostro sobre su pecho mientras lloraba desconsoladamente.
—Por favor... No me dejes sola.
Donatto cerró los ojos y la abrazó durante unos segundos, Gianella era lo único que él extrañaría, aspiró por última vez el perfume de aquella mujer que había estado a su lado durante toda la vida y comprendió algo demasiado tarde.
Jamás había estado realmente solo, porque ella siempre había sido su mas grande apoyo, pero aun así, se separó con delicadeza los brazos de Gianella, besó su mejilla y retrocedió un paso.
Ella abrió los ojos de inmediato.
—¿Donatto...?
Él sonrió, una sonrisa tranquila, como si, por primera vez en muchos meses, hubiera encontrado paz.
—Gracias... por quererme incluso cuando yo era incapaz de quererme a mí mismo, sé feliz Gia.
El corazón de Gianella se detuvo.
—No...
Donatto dio un paso hacia atrás.
Ella extendió el brazo.
—¡NOOOOOOO!
Corrió desesperadamente, sus dedos estuvieron a centímetros de alcanzarlo, pero llegaron un instante tarde, solo rozó la tela de su camisa.
Donatto desapareció frente a sus ojos, el grito de Gianella rompió el silencio de toda la mansión.
—¡¡¡DONATTOOOOOOOOOOO!!!
Los guardias que lo buscaban miraron con horror lo que había pasado, ella sin pensar en nada más, salió corriendo escaleras abajo. Los sirvientes comenzaron a seguirla, cuando llegó al jardín, cayó de rodillas.
El cuerpo de Donatto yacía inmóvil sobre el suelo empedrado, un charco de sangre corría por debajo de su cabeza, ella se lanzó inmediatamente sobre él y lo abrazó con todas sus fuerzas. Las lágrimas caían sobre el rostro del joven mientras acariciaba su cabello empapado por la lluvia.
—No... por favor... no me hagas esto... no me dejes... yo te amo...
Apoyó la frente contra la de él mientras todo su cuerpo temblaba y la lluvia los mojaba.
—Te amo... ¿Escuchaste? siempre te amé... siempre...
En ese mismo instante... a miles de kilómetros de distancia... una vida acababa de extinguirse rogando una segunda oportunidad y otra... acababa de comenzar, los dedos de Donatto se movieron casi imperceptiblemente, Gianella dejó de respirar, sintió un leve estremecimiento bajo sus manos.
Entonces... los párpados del joven comenzaron a abrirse lentamente, unos intensos ojos verdes se encontraron con los profundos ojos azules de la mujer que lo sostenía entre sus brazos.
James Rosh respiró por primera vez dentro de un cuerpo que no era el suyo y lo primero que vio, fueron esos hermosos ojos azules que jamás olvidaría.
—¿Eres un ángel?
