Capítulo 40 40

—Que estoy enamorado de ti, Renata. Y ya no pienso fingir que solo te deseo.

Mi mano seguía sobre su pecho.

Debajo de mi palma, el corazón de Julian golpeaba con una rapidez que no combinaba con la calma de su cara.

—Di algo —murmuró.

—Estoy intentando.

—Eso suele preocuparme.

—Cállate.

Julian obede...

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