Capítulo 6 Más que su fortuna

Zack Vanderwall

Todo se queda en silencio, hasta que coloco el anillo en su dedo. El primero en reaccionar es su padre, quien se acerca nervioso y torpe hacia nosotros.

Yo me pongo de pie sin dejar de verla. Astrid no aparta su mirada de mí, ni siquiera cuando su padre exclama con un grito chillón.

—¡Pero miren qué sorpresa! —abraza a su hija con cierta torpeza y luego intenta hacer lo mismo conmigo, pero lo detengo para estrecharle la mano.

Detesto que gente que no conozco me abrace o siquiera se me acerque a menos de medio metro. Ella es la excepción.

—¡Astrid, hija! —su madre llega también, abraza a Astrid y le da un beso en la mejilla.

Yo solo sonrío, se nota que no están para nada contentos. Antes de que se acerquen personas que no son de la familia, la rodeo por la cintura y la pego a mi cuerpo. Ella pierde un poco la respiración y me mira.

—No me aprietes tanto —susurra. Por respuesta, tomo su mano y la beso.

—Perdón, pero soy muy celoso con lo mío —ella levanta una ceja—. No quiero que nadie más se acerque a tocarte.

Entrecierra sus ojos, pero no se aleja ni me reclama. Aceptamos las felicitaciones de todos, la mayoría lamebotas que quieren quedar bien conmigo. Al fondo puedo distinguir a la pareja que se supone es la razón por la que todos están aquí.

El idiota tiene una cara de asesino, pero de moscas, porque a mí no me intimida ni un poco.

—Creo que arruinamos la fiesta de compromiso de mi hermana —murmura Astrid, preocupada por la cara de Fiona.

—Se lo compensaremos con el regalo de matrimonio. Pero si no lo hacía, no iban a dejar de molestarte.

Las copas se levantan por nosotros, nos quitamos del centro y el padre de Astrid se aclara la garganta antes de hablar.

—¡Es una sorpresa! No teníamos idea de que el señor Vanderwall fuera novio de nuestra Astrid, ella tampoco nos dijo nada —la ve con cierto reproche, pero Astrid está mirando nuestras manos entrelazadas—. Espero que la boda sea pronto.

—Papá… —murmura Fiona y él se gira—. El anuncio de compromiso.

—¡Oh, sí! Fiona se casará con Justin Fitzroy en tres semanas más. Todos los presentes recibirán su invitación mañana —dice como si no tuviera más importancia.

Algunos aplauden por eso, la atención se dispersa y Fiona se lleva a sus padres hacia un salón contiguo. Astrid saca una copa que pasa y estoy a punto de quitársela para que no beba más, pero ella me lo impide.

—Es jugo y creo que es poco para pasar la noticia —se bebe la mitad y mira el anillo en su dedo—. ¿De verdad venías listo para casarte conmigo?

—Sí.

—¿Y si decía que no? —me encojo y le quito la copa.

—Tengo mis métodos, mi hermosa Astrid.

Me bebo el jugo por ella, su risa es la de alguien que no se cree nada. Pero sí, tengo mis métodos para todo.

Ella se nota algo incómoda, me voy moviendo poco a poco hasta sacarla al jardín y la veo tomar aire varias veces.

—Gracias. Ya no soportaba ese ruido, yo no sirvo para esto.

—¿Para las fiestas?

—Para fingir —se sienta en una banqueta, desde donde me mira con cierto arrepentimiento—. No me gusta mentir. No sé cómo hacer esto.

—¿Te arrepientes de aceptar mi propuesta? Porque fui honesto, Astrid.

—No quiero hablar de eso aquí y ahora. Me refiero a mentir sobre lo de Justin y yo, que estuvo con las dos al mismo tiempo… —sus ojos se llenan de lágrimas y baja la mirada—. Son demasiadas cosas para una noche.

—¿Quieres irte? Puedo llevarte a casa y…

—¡Astrid! —la voz de Justin nos interrumpe y ella se pone de pie.

Tiro de ella para ponerla detrás de mi cuerpo, no quiero que la lastime diciéndole mentiras ni insistiendo en hablar. Sé que no le dirá nada bueno, se le nota que es un tonto que no puede ver más allá en ella.

—Apártate, idiota. No me interesa que seas el gran Zack Vanderwall —hace un gesto para burlarse y se nota que ha bebido más de la cuenta—. Los tres sabemos la verdad. Este no era tu novio, ¡yo lo era!

—Eso, grítalo más fuerte —le responde Astrid, poniéndose delante de mí—. A lo mejor mi hermana te oye y la destruyes como te encanta hacerlo.

—Nena, entiende. No me quedó más opción, pero yo te quiero a ti —intenta tocarle el rostro, pero ella le da un manotazo.

—No me llames nena y no me toques. Cuando se ama, Justin, uno elige a esa persona por encima de todo. No importan las amenazas de tus padres, las presiones de ningún tipo, no se miente.

—Lo dices porque nunca te han presionado —sisea Justin y yo me pego a la espalda de Astrid—. Siempre fuiste la hija que no tenía nada que demostrar, porque sus padres sabían que era una fracasada.

—¿Qué dijiste? —siento la voz de Astrid quebrada y su cuerpo tiembla—. ¿De verdad me estás llamando fracasada?

—Es la verdad.

Astrid se lleva las manos a la boca para ocultar un sollozo. Me muevo, pero ella me detiene. Justin solo sonríe y sigue hablando.

—Nunca te pidieron maravillas porque sabían que no podías. Eras la hija tonta de los Kingsley y eso no ha cambiado. Si creíste que yo me iba a casar contigo, una mujer que no tiene nada para ofrecer, solo un apellido y la mitad de una pequeña fortuna, te equivocaste.

—¡¿Y entonces qué carajos querías de mí?! —ella explota y lo empuja—. ¡Si no valgo nada! ¡¿Qué mierda querías de mí?!

—Dinero, un lugar para hacer lo que quisiera sin que mis padres me vigilaran. Mi padre me restringió todo, por tu culpa…

—¡Entonces debiste dejarme! No sé por qué te quedaste si yo no era la mujer perfecta para un idiota como tú.

—Muy simple —se acerca un poco y baja su rostro a la altura de ella—. Porque a veces se siente demasiada lástima en botar un peluche viejo e inútil.

Antes de que Astrid lo golpee con su frágil mano, yo lo empujo y le doy un puñetazo. La sangre le brota de la nariz y un intento de grito sale de su garganta. Pero no es suficiente.

—¡Nunca en tu perra vida vuelvas a hablarle así a mi mujer!

—¡Deja de fingir, no es nada tuyo! —le doy otro golpe y esta vez lo mando al suelo.

—Te equivocas —agito mi mano, sin importar que los nudillos me arden—. Astrid es todo para mí. Así que nunca vuelvas a decir que ella no vale nada, porque para mí vale más que toda mi puta fortuna.

—¡¿Qué está pasando aquí?! —Fiona llega histérica y ayuda al idiota a ponerse de pie.

—Hermana, tenemos que hablar —Astrid la separa un poco y la toma por los brazos—. Tengo que decirte…

—¿Que eran novios? Lo sé —Astrid se queda paralizada y niega.

—Es mentira…

—Y no solo eso, estoy embarazada.

Astrid se tambalea, yo la sostengo y solo oigo su susurro ahogado.

—Sácame de aquí…

Capítulo anterior
Siguiente capítulo