Historia

Al día siguiente me despierto con fuertes golpes en la puerta. Me levanto lentamente y voy a abrirla, entonces me encuentro cara a cara con la criada, que parece un poco avergonzada y le sonrío con simpatía.

—Lo siento, señora, seguí tocando porque no se despertaba.

—No hay problema, ¿qué necesita...

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