Capítulo 1 Dos gotas de agua

—¿Ansioso por la boda hermanito?—mi hermano menor me dedicó una sonrisa torcida.

—Ansioso por la luna de miel—le miré con picardía y él negó con la cabeza.

—Madre me pidió que te trajera un mensaje—suspiró cambiando de tema.

—Y que esperas para dármelo.

—Necesita que vayas a su choza antes de la boda.

—Iré de inmediato, después no tendré tiempo.

Era el mayor del linaje Woods; llevaba poco tiempo como alfa, pero me había ganado el respeto de la manada en corto tiempo. Me acomodé la chaqueta de cuero marrón y deslicé los dedos por su cabellera oscura era un hombre apuesto, lo sabía; era fuerte, aunque algo arrebatado; ese era mi mayor defecto.

Salió en busca de mi madre aunque nunca esperé lo que me encontraría al llegar

—Madre—llamé a la puerta.

—Lo siento, hijo, se que debí decírtelo antes, pero no fui capaz de hacerlo. Hoy no habrá boda. La novia se ha escapado con Jhiem; yo misma he sido testigo de su amor desde que eran niños, pero tú te encaprichaste con tener a Rose; ella nunca fue para tí.

—¡Maldito bastardo!—vocifere destrozando a manotazos el contenido de la choza—. Ella era mía, solo mía, ¿no pudo irse con ese mestizo insensato? El desconcierto se convirtió en dolor y el dolor le dio paso a la ira, esa ira interior me hizo salir corriendo de allí, solté aullidos llenos de dolor mientras corría en forma de lobo, un imponente lobo de melena Azabache.

—Siena—gruñi rabioso al tomar forma humana, — nunca te lo perdonaré traidora infeliz, yo te amaba con mi vida, pero ahora te haré sufrir, como lo hiciste conmigo— prometí aunque nadie no pudiera escuchar

. Llegué a la aldea humana y me adentré en una taberna de mala muerte, donde los humanos se gastaban sus sueldos miserables para comprar un poco de licor que aliviara sus penas.

—Quiero una botella de licor, uno bien fuerte—ordené al cantinero lanzándole un puñado de billetes sobre la mesa. Estuve bebiendo por largas horas, hasta casi perder el conocimiento, no supo que hora era cuando abandoné ese lugar, aun con una botella de tequila en mano y la mente nublada por tantas decepciones.

De camino a casa mi ira iba aumentaba, el amor que antes sentí ahora se desvanecía para siempre, necesitaba vengarse por la traición de la cual fui victima, quería hacerlos sufrir a ambos por convertirme en el hazmerreír.

Yo era el alpha un lobo imponente, ser mi esposa era un privilegio y esa traidora de mirada sutil lo arruinó todo, aunque pronto pagaría por su traición.

—Pronto conocerán mi ira, par de traidores—le di un trago a la botella.—Me encargaré de que se arrepientan el resto de sus vidas.

Noté un brillo inusual al pasar por el lago cercano a la manada, que me obligó a mirar sus aguas cristalinas, la luz bañaba el delicado y curvilíneo cuerpo de una mujer bien formada, y aunque la luna roja que brillaba sobre ellos esa noche cambiaba la tonalidad de su piel, el pudo reconocerla, era Siena, dulce y tentadora como nunca antes la había visto, era como si me envitara a tomarla con mis propias manos.

—Mi dulce y traidora, Siena. Te me has ofrecido en bandeja de plata y yo no rechazo un ofrecimiento tentador como este—solté con malicia—, hoy me las pagarás todas, mi pequeña loba desleal.

El vestido rojizo que se pegaba a su cuerpo, haciéndola lucir provocativa, lo tomó como un reto, lancé la botella al piso, me quité la ropa y corrí al agua; junto a la traidora que una vez amé con locura y ahora deseaba con frenesí.—Esperé demasiado por ti,—susurré a su oido, haciendola estremecerse presa del miedo—fueron noches interminables las que deseé probar tus cuerpo—.Ella intentó huir ante mi cercanía, pero la sujeté con firmeza, acercándola a mi cuerpo fornido y caliente—. Ahora serás mía, solo mía y la luna roja será nuestro único testigo—dije besando sus labios, esa noche los sintió suaves delicados e inexpertos, pero le resté importancia a ese detalle.

—Suelteme—ella rechazaba mis besos y eso me excitaba de sobremanera, no cedería a sus caprichos en esta ocasión, era el alpha y tomaría lo que me fué prometido, esa noche la haría mía a como diera lugar.

La cargó deleitándome con sus curvas provocativas, que comenzaban a hacer evidente su excitacion, y ella lo notó de inmediato, trató de safarse aterrada, sabiendo mis intenciones.

—Serás mía Siena—lami su mejilla con cinismo.—de una vez por todas te voy a poseer.—Nunca olvidarás mi tacto, me quedare grabado en lo profundo de tu piel.

—Por favor no me haga daño—ella pidió al borde de las lágrimas.— Déjeme ir y no diré nada—rogó temerosa.

Mi mirada de brilló con malicia.

—Ya no tendré compasión de ti, bebe—diciendo esto la empuje contra la tierra húmeda, para concretar mi venganza contra ella, disfrutaría al máximo mi hazaña.—Esperé demasiado para saborearte, y ahora nada ni nadie lo impedirá.—Grita todo lo que quieras mi dulce Siena, la luna no te defenderá.

—No me haga esto—sollozó tratando de soltarse, pero yo era fuerte, a mí lado ella lucía delicada y pequeña,—, yo no le hice nada malo a usted, déjeme ir—sus palabras fueron el detonante para que perdiera la razón y cometiera ese acto reprochable.

—Eres una zorra, y como tal serás tratada, Siena—escupí con rabia, la abofetee para luego abalanzarme contra ella, para saciar así mi instinto animal, despojándola con violencia de sus prendas, dejándola expuesta ante todos mis deseos insanos.—Te deseo tanto—le acaricié el rostro con el dedo índice, limpiando sus lágrimas nacientes.

—Por favor, no lo haga. Le imploro que se detenga—rogó antes de que la mancillara, antes de que me aprovechará de su cuerpo en todos los sentidos, rasgando su alma para siempre. Conectándose íntimamente con ella bajo la luna Sangrienta, sellando así nuestras vidas para siempre.

—Yo siempre gano—susurré al dejar mi semilla esparcida dentro de ella. —Eso te pasa por traicionarme, Siena, yo hubiera dado todo por tí, pero me rechazaste.

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