Capítulo 3 El secreto

La noche de fue tormentosa, las pesadillas me invadieron la mayor parte del tiempo, dejándome agotada, todo me dolía y no podía sacar de mi cabeza la brutalidad vivida.

—Tengo que superarlo—me dije al levantarme de la cama, aún temblorosa por revivir lo sucedido—. Fingiré que nada paso; nunca nadie podrá probarlo. No hubo testigos, así que esa noche nunca existió—me limpié las lágrimas que salían sin parar—. Empezaré una nueva vida, conseguiré un beca e iré al instituto; mi familia no volverá a pasar hambre—traté de ser positiva.—Tengo que lograrlo.

Miré la foto sobre la mesita de noche, mis ojos se inundaron de lágrimas nuevamente, suspiré profundo dispuesta a olvidarlo todo para guardar el honor de mi pobre familia, nunca me volvería a encontrar con ese hombre, estaba segura de eso.

A diferencia de Samantha, Nathan dormía plácidamente, su acto imperdonable no le afectó en lo más mínimo.

—Pido permiso para entrar—mi hermana ingreso en la choza con cara sería.

—¡Largo!—le gruñi desde el catre, aun seguía cansado.

—Vengo como enviada de la manada, ellos solicitan la presencia de su Alfa, con carácter de urgencia—aclaró el motivo de su interrupción.

—Qué esperen—soltó sin preocupación.

—¡No pueden esperar!—su hermana alzó la voz, me sentí insultado y me acerque a ella furioso por la ofensa; la tomé por el cuello con rabia en la mirada, mis ojos de un ámbar intenso brillaron llenos de ira.

—Me respetas, pequeña lobita insolente—la arrojé al piso con furia, era la primera vez que la trataba mal, pero ya no éramos unas crías, ahora yo era su Alpha y me debía respeto.

—La manada esta preocupada, anoche sucedió algo delicado—admitió ella, acariciándose su cuello lastimado, no retrocedería por su agresión.

—¿Encontraron a Siena?—soltó el Alpha de inmediato, recodando haberla dejado sola a orillas del lago. Su voz denotaba un poco de ilusión.

—Anoche abusaron de una humana, lo hicieron en nuestros dominios.

—Nadie sería tan idiota para hacer eso en nuestros dominios, debe ser un error—solté sin caer en cuenta de sus palabras.

—Es verdad; yo misma la encontré y la llevé a su pueblo; hermano y la manada esta preocupada por la seguridad de sus mujeres. Necesitas salir y dar la cara de una vez por todas; demostrar tu dominio, defender a tu pueblo.

Accedí de mala gana y me vesti para enfrentar a la manada. Todos los lobos estaban en el área de la fogata, junto a ellos se encontraba esa híbrido, la bruja con sangre de lobo en sus venas.

—Debí imaginar que los chismes insensatos venían de una bruja—escupí con asco.

—Alpha, yo no pretendo mentirles—dijo la mujer a la defensiva—anoche era luna sangrienta, noche de lobos y por mi condición no podía permanecer en el pueblo, aclaró.

—Nadie quiere saber de tu vida, bruja—solté en un gruñido.

—Me iré inmediatamente, pero debes encargarte de proteger tus dominios—soltó la bruja antes de irse.

—No eres bienvenida en mi manada, Ikna, no mientras yo sea el Alpha—vocifere a su espalda.

—Pido su permiso para hablar, mi Alpha—soltó uno de los ancianos de la tribu a quien la bruja le contó lo sucedido.

—Concedido—solté con supremacía y nos fuimos a una zona apartada de la fogata.

—La señora Ikna, fue testigo de lo que hicieron con una jovencita humana en el lago, allí fue ultrajada, según la señora Ikna, la joven fue tratada brutalmente—me explicó el anciano.

—¿La golpearon?—pregunté intrigado.

—Abusaron de ella—soltó el anciano con timidez.

—¿Está seguro de qué era humana?—esas palabras me cayeron como un balde de agua helada, había caído en cuenta de mi error.

—Sí, varios de la manada la conocían, dicen haberla visto recogiendo frutas o flores por el bosque y su propia hermana la ayudó a llegar al pueblo.

—¿Se sabe algo de su agresor?—le pregunté con temor de que alguien pudiera acusarme.

—La joven no quiso dar declaraciones de lo sucedido.—Redoblaremos la vigilancia, para proteger a nuestras mujeres; mientras averiguamos quién fue su atacante.

—Aunque no hay que descartar el hecho de que hubiese sido lastimada por algún novio celoso—dije tratando de mantener la calma—. No se preocupen, yo cuidaré a la manada de esa bestia salvaje—prometí y el anciano se fue satisfecho y yo volví a mi choza.

—Soy una bestia—arrojé el contenido de la mesita de noche contra el suele—, ¿cómo pude confundirme? Le hice cosas atroces a esa chica y lo peor es que ni siquiera recuerdo su rostro, solo veo a Siena en mis recuerdos de esa noche. Nunca debí hacerlo, la luna sabe que los celos me cegaron y el licor me impulsó a hacerlo.—Por primera vez reconocí mi error. Me sentía consumido por los problemas, no podía entender mi error, yo no fallaba de esa manera.—Después de lo que he hecho no tengo perdón—confesé en la soledad de mi choza—, pero no puedo admitirlo, ese será mi secreto, uno que nunca contaré.

Me propuse enmendar el erro; empecé a preparar una maleta con ropa suficiente para un par de semanas, necesitaba resarcirla y asegurarme de no ser delatado ante su manada

.—Te quedas a cargo, mientras yo me encargó de ese asunto,—le dije un lobo anciano y sabio; este asintió.

—Cuidaré a la manada mientras regresa, mi Alpha—me prometió.

Estaba decidido a encontrar a esa humana, que por un momento creí que era Siena—. No podré reconocer tu rostro—admiti alejándome de la manada—, pero tu olor aun sigue en mi piel.—Solo necesito encontrarte y ofrecerte una suma de dinero suficiente para que lleves una vida cómoda el resto de tu vida y así olvides nuestro desafortunado encuentro—me propuse esa meta antes de ir a un restaurante local por algo de desayunar.

A Rosie le dolía el alma; aún así no podía tomarse un día libre porque su familia dependía de ella para sobrevivir.

—Tengo que estar bien—me dije preparando una jarra de café para los clientes que empezaban a llegar a primera hora.

—Señorita—un hombre en traje negro me llamó y me se acerqué con cuidado a tomar su pedido.—Tráigame un sándwich de ternera, termino medio con té de ciruela—pidió quitándose los lentes de sol.

—Enseguida vuelvo—mi rostro palideció al ver mirada ambarina.

—No puede ser—estaba temerosa, había pasado casi una semana desde que me ultrajaron y ahora este hombre aparecía ante ella como un recuerdo de lo sucedido.

—Señorita, apurese—gritó impaciente, ella no quería volver con ese hombre, pero si no lo hacía podrían despedirla y necesitaba el dinero.

—Aquí esta su pedido—dije mirando a la mesa, tratando de evitar su mirada.

—Gracias—me sonrió y ambos nos miraron a los ojos por un instante, pero esta vez sus ojos eran de un marrón oscuro, por lo visto mi mente me había jugado una mala pasada.

Respiré aliviada volviendo a la cocina, solo había sido un error.

—Señorita—hice una seña dejando un puñado de billetes junto como pago. Se había asustado con mis ojos; por eso intenté controlarme.

El aroma a condimentos y comidas varias tenían mi naríz agotada.

—¿Dónde estarás, humana?—me pasé las manos por el cabello con desesperación. —Necesito encontrarte rápido para volver a casa.

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