Capítulo 4 Bebé a bordo
Fuí a recoger el servicio; tomé la libreta con la cuenta y me dirigí a la caja para guardar el dinero, pero mi sorpresa fue grande al ver un billete de cien dólares extras. Corrí en busca del cliente misterioso, lo ví atravesar un pequeño puesto de periódicos.
—Disculpe—lo interrumpí mientras hablaba con un vendedor.
—¿En qué puedo ayudarle, señorita?—preguntó; volteando para mirarme.
—Dejo dinero extra por error—le dije tendiéndole el billete de cien.
—No fue un error—soltó él, detallando mi rostro—. Es su propina señorita.
—No puedo aceptarla, es demasiado—admiti mirando el piso.
—No lloré—me limpió las lágrimas con un pañuelo de seda azul—. Tomelo como una disculpa por haberla tratado mal.
—Gracias señor—quedé conmovida ante la amabilidad del extraño.
Nathan no entendía porque esa jovencita lo conmovió, pero sintió una opresión en el pecho al verla llorar, era como si una parte de él sufriera al verla triste. La vio alejarse con su pañuelo en mano y la mirada triste.
—Es un pueblo tranquilo—soltó el vendedor de periódicos—, no suelen suceder crímenes con frecuenciamanadaotro.—añadió mientras revisaba la sección de sucesos, en busca de una pista que le indicara donde se encontraba la mujer que buscaba.
Volví a mis labores en la cafetería; necesitaba aprender a controlarme, mis recuerdos me jugaban una mala pasada y por poco había confundido a ese cliente amable con la bestia que me había agredió.
Los días pasaron y logré inscribirme en la universidad con mucho esfuerzo, pero aunque daba lo mejor cada día me sentía cansada; era así todo el tiempo, incluso había perdido peso.
—Deberías ir al médico—me propuso de mis compañeras de curso al notar me
—Solo fue un bajón de azúcar, no he desayunado bien está semana—dije restándole importancia.
—Si te enfermas podrías perder el semestre—Elizabeth insistió.
—Esta bien, pasaré por el dispensario luego del trabajo.
—Eso espero—ella me abrazó aliviada y se ofreció a llevarme al trabajo.
La jornada me pareció agotadora, para cuando terminé de trabajar eran casi las siete de la noche, caminé hasta el hospital local y luego de casi media hora fuí atendida, me tomaron un par de muestras de sangre y esperé en la recepción por sus resultados, mientras veía una revista de novias.
—Nunca podre ser una de ellas—suspiré al recordar lo vivido semanas atrás.
—Señora—me llamó la enfermera con un papel en sus manos.
—Disculpe, no estoy casada—la corrigió y la enfermera hizo una mueca de desagrado.—Por su estado, asumí que era casada.
—¿Mi estado?—estaba confundida.
—Está embarazada—soltó con disgusto.
—Eso es imposible—me llevé las manos al rostro preocupada, no podía estar embarazada, mi vida estaba arruinada.
—La promiscuidad tiene consecuencias—añadió la enfermera antes de retirarse.
—Yo no soy una promiscua—arrojó los resultados del examen dentro de la papelera mientras las lágrimas llegaban mis ojos; salí corriendo, necesitaba aire, ya no podía con tanto.
Corrí hasta que mis piernas fallaron, justo cuando lo vio, sus ojos ámbar fué lo último que ví antes de perder el conocimiento.
Nathan levantó a la joven en brazos, lucía cansada y débil, sin saber la llevó al único lugar conocido para él dentro de la aldea humana, al entrar con la joven en brazos una de las trabajadoras corrió en su ayuda.
—¿Qué le ha pasado?
—Se desmayó—soltó Nathan—, puedes decirle a tu jefa que se encargue—añadió dándole un puñado de billetes al hombre—eso cubrirá sus honorarios—añadió y se fue.
El joven llamó a su jefa, quien reconoció a la joven de inmediato, ordenó a su aprendiz que buscara un puñado de hierbas frescas para prepararle una infusión a la joven.
—Es la joven humana—un lobo salió del depósito.
—Rowan, haste a un lado—el lobo le limpió el rostro a Rosie con sumo cuidado,—yo la conozco—soltó de improviso.—Solía dejar fruta fresca para ella junto al lago—recordó—fue ella, ¿la dañaron?—la bruja asintió y el lobo apretó los puños con fuerza.
—Debes calmarte—Ikna trató de tranquilizarlo al ver que recobraba el conocimiento—, vuelve al depósito; no debemos alterarla—le pidió y el accedió de mala gana.
—¿Te sientes mejor?—le preguntó la mujer entregándole una infusión que esta bebió con mala cara—sé que es algo agrio, pero te ayudará a recobrar fuerzas, lo preparé para tí.
—Mi vida está arruinada—solté entregándole la taza vacía.
—Lo que te pasó fue algo difícil, pero necesitas olvidarlo y continuar—le animó la bruja, quien tenía el don de ver el pasado con solo tocar a las personas.
—¿Cómo olvidas a alguien cuyo hijo crece dentro de tu vientre?—solté sin pensar, entre lágrimas—. Estoy embarazada de un completo extraño—Ikna le dedicó una mirada reprobatoria a Rowan, quien las espiaba—. No quiero tenerlo, no puedo—sollozó igual que una niña temerosa.
—Es tu cuerpo y tú decisión, si decides no tenerlo yo puedo ayudarte—le propuso la bruja.
—¿Podrias hacerlo?—mi voz sonó esperanzada.
—Ve a casa y piensalo bien, si decides borrar todo este dolor regresa y me encargaré de prepararte algo.
El alfa recorrió la aldea humana por semanas, en busca de la joven humana que había agredido, pero nadie sabia nada.
—Debo volver con los míos, mi manada me necesita—Nathan empezó a preparar sus maletas de inmediato.
El viaje duró un par de horas, llegaría cerca de la medianoche, ansiaba descansar en su choza, rodeado de los suyos, pero nunca imaginó lo que estaba por enfrentar. Para su sorpresa todos los miembros de la manada le miraron con reproche.
—¿Acaso no están alegres por recibir a su Alpha?—les pregunté en un gruñido. Nadie respondió.
—Vamos a tu choza—susurró mi hermana, pero su voz sonaba distante.
—¿Piensas darme ordenes?—la aparté bruscamente.
—No hagas esto, solo vas a empeorar las cosas, hermano—frustrada lo tomó de la mano, igual que lo hacían cuando eran niños y lo llevó hasta la choza, aunque se arrepintió en cuanto y se apartó asqueada por su tacto.
—¿Te pasa algo?—Nathan intentó acariciarle el cabello, pero ella se apartó tristemente.
—Ya todos lo saben—la mirada de su hermana llena de dolor lo hizo dudar—, tú abusaste de esa humana y la dejaste a su suerte, ¿ por qué? Tu no eras así—el dolor en sus ojos era evidente.
—Fue un error, el licor me hizo confundirme—admitió sentándose en el catre.
—¿Confundir?
—Sí, pensaba era Siena—solté sin miramientos, no podía mentirle.
—Siena escapó con nuestro hermano, con mi mellizo y eso no es excusa para tus actos. afuera tenemos a una manada enfurecida porque su alfa abusó de una mujer humana , ¿crees qué serán capaces de confiarte a sus mujeres nuevamente? Pues no lo creo.
—¿Cómo se enteraron?—me atreví a preguntar.
—Alguien te vio haciendo esas cosas con la humana y se animó a acusarte.
—¿Quién fue?
—Eso no importa ahora, lo importante es lo que harás para calmar a la manada.
—Seré un buen Alpha de ahora en adelante, lo prometo.
—Tu palabra ya no vale, has embarazado a una humana, y eso deberá remediarse de inmediato.
—¿Cómo?—estaba estupefacto ante la noticia.—. ¿Estás segura?
—Bueno, no sabemos nada de esa chica así que podría estar embarazada de otro.
—¡No!—la corté de inmediato—si esta embarazada, el bebé es mío, yo fui el primero en su vida y después de como ocurrieron las cosas dudo que haya estado con otro.—Debí haber sido sensato, estrellé el puño contra el piso, tenía que medir las consecuencia de mis arrebatos—miré a mi hermana—. Soy una bestia.
Respiré profundo antes de enfrentar al consejo de lobos, las miradas tenían un tinte desagradable. Me posicioné ante la fogata con una estampa firme.
—El pacto que tenemos con los humanos se formó hace casi cuatrocientas lunas—comenzó a decir uno de los miembros de avanzada edad, debía ser respetado por toda la manada.
—Deberíamos exigir una lucha a muerte, si desea mantener su titulo de Alpha que luche por él—propuso el hermano de Siena y yo solté un gruñido feroz; causando temor en los jóvenes. Siempre le pareció que su antiguo cuñado era un ser altanero y desleal.
—Rowan—el viejo lobo negó con la cabeza—, un derramamiento de sangre no sería una solución sensata.
—¿Entoces qué propones?—el lobo joven soltó con tono desafiante.
—La familia de Nathan, proviene de una larga linea de lobos Alpha, quienes han velado por la seguridad y sustento de la manada.—Les recordó el lobo anciano—, considero necesario resarcir los daños, nuestro Alfa es soltero y la dama en cuestión también; por eso considero razonable organizar un matrimonio entre ambos. De esta manera el hijo de ambos será nuestro próximo líder.
—¿Quieren que tome por esposa a una humana—gruñi en respuesta—. No lo haré.—solté con desagrado. —No tengo intenciones de desposar a una humana insignificante—¡Soy su Alpha!—gruñó, convirtiéndose en un imponente lobo, con una mirada feroz, sin decir palabra corrió dentro del bosques y su hermana tomando forma de lobo lo siguió.
—Ven ese es su Alpha, huye en lugar de dar la cara—soltó Rowan.
—¡Basta!—gruñó el anciano.—Nuestro Alpha merece respeto—esta vez miro todos los rostros presentes.
—Le daremos la oportunidad de resarcir su error.
