Capítulo 16 Lo que la hija no perdona

Salí del edificio Frost como si me persiguieran.

El aire de la calle me golpeó la cara con una mezcla de escape de autos y comida callejera, y por un segundo tuve la absurda sensación de que podía lavarme con él. Como si el olor a poder, a madera cara y a la colonia de Damián se pudiera arrancar de...

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