Capítulo 20 Lo que no se puede esconder

La luz del viernes entró por el ventanal con una insolencia dorada que no pedí.

Elizabeth dormía boca abajo, una mejilla aplastada contra la almohada, el cabello castaño esparcido como un manchón oscuro sobre el blanco de las sábanas. La sábana le cubría apenas hasta la cintura. El resto de su espa...

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