Capítulo 9 De Luca

El apretón en mi brazo no era una caricia ni una forma de recordarme los modales; era una orden silenciosa para que mantuviera la calma y actuara. Las palabras del maestro de ceremonias todavía daban vueltas en mi cabeza, pero la realidad del momento nos obligaba a mantener una apariencia firme. A nuestro alrededor, los jefes de la mafia, los asesores y las mujeres cubiertas de joyas me miraban con curiosidad.

Alessandro me guió entre la gente con paso decidido, sin importarle el caos que llevaba en mi cabeza. Nos detuvimos en la parte alta del salón, donde estaban los hombres más importantes de los clanes. El lugar estaba lleno de perfumes caros, alcohol y una tensión de poder que podía sentirse en el ambiente.

Antes de que pudiera reclamarle, Alessandro dio un paso al frente, soltó mi brazo con cuidado y levantó la copa de cristal que un camarero acababa de entregarle. Su voz, grave y seria, hizo que los murmullos se apagaran de inmediato.

—Damas y caballeros —empezó Alessandro con tono imponente que hacía que todos prestaran atención—. Gracias por venir esta noche. Sé que los rumores sobre los cambios entre los clanes se han extendido rápido, pero prefiero aclarar las cosas de una vez.

Me miró de reojo durante un segundo. Su rostro seguía tranquilo, pero la tensión en su mandíbula dejaba claro que no estaba tan relajado como quería aparentar.

—La boda entre los Moretti y los Salvatierra está oficialmente declarada —continuó con voz firme—. Y no tendremos que esperar meses ya que será dentro de dos días. El acuerdo quedará sellado y nadie, ni dentro ni fuera de nuestras familias, tendrá motivos para dudar de nuestro poder.

Un murmullo de sorpresa recorrió el salón. ¿Dos días? Sentí que me faltaba el aire. ¿Dos días para casarme con un hombre que apenas conocía y quedar atrapada en una familia llena de secretos que yo ni siquiera entendía? Quise reclamarle allí mismo, pero las reglas de aquel mundo decían que una mujer no debía desafiar a su hombre delante de todos así que tenía que aguantar.

Los invitados comenzaron a acercarse para estrecharle la mano y felicitarnos con sonrisas falsas. Y fue entonces cuando ocurrió algo peor. Dos hombres se abrieron paso entre la multitud con la seguridad de quienes estaban acostumbrados a que todos les hicieran espacio. El mayor tenía una mirada dura y unos ojos que me hicieron sentir extrañamente incómoda al verme reflejada en su expresión. El otro era un hombre de mediana edad, con facciones serias y una postura rígida.

Alessandro se puso tenso de inmediato y, con una voz baja que solo yo pude escuchar, me dio la noticia:

—Valentina... te presento a Don Mateo Salvatierra, tu abuelo, y Lorenzo Salvatierra, tu primo.

Me quedé paralizada. Los miré sin poder creerlo. ¿Los Salvatierra? ¿Mi abuelo y mi primo?

—Vaya, vaya... así que era verdad —dijo mi abuelo, Don Mateo, con una voz ronca que me golpeó de lleno. No había cariño en su mirada. Todo lo contrario, solo había desprecio—. La nieta de la desertora. Tu madre tuvo el descaro de abandonar nuestro apellido y huir. Y ahora vienes tú a ocupar un lugar que apenas mereces.

Sentí que la sangre me hervía. Olvidé las reglas, los modales y a todos los mafiosos que nos rodeaban. Di un paso hacia él y lo miré directamente, sin miedo.

—Cuide cómo habla de mi madre —respondí con voz firme—. Si ella nunca me habló de ustedes, fue porque no quería que yo tuviera nada que ver con gente de su calaña.

El anciano abrió los ojos, claramente molesto por mi respuesta, y los murmullos de quienes nos rodeaban comenzaron a aumentar. Al darse cuenta de que la situación podía convertirse en un escándalo delante de todos, Alessandro reaccionó rápido: me tomó del brazo y me llevó hacia un rincón más apartado, alejándome de la gente antes de que pudiera empeorar la situación.

—¿ No puedes quedarte callada nunca? —me reclamó Alessandro en voz baja, apretando los dientes por la frustración.

Lo miré furiosa y aparté su mano.

—No, no voy a quedarme callada —le respondí, sin apartar los ojos de los suyos—. Así que si crees que voy a bajar la cabeza delante de esta gente, estás muy equivocado. ¡Y tú eres un mentiroso! ¿Cuándo pensabas decirme que mi familia eran los malditos Salvatierra? ¿Pensabas dejar que me enterara el mismo día de la boda mientras me metías en todo este maldito juego?

Alessandro sostuvo mi mirada con dureza y estaba a punto de responder cuando una voz burlona interrumpió nuestra discusión.

—Vaya, parece que la novia tiene carácter. Me alegra ver que no se deja intimidar ante los vejestorios de esta sociedad.

Los dos giramos la cabeza al mismo tiempo. Un hombre se acercaba con un traje oscuro impecable y una sonrisa que dejaba claro que disfrutaba de la situación. Al ver mi expresión de confusión, se detuvo a unos pasos y se presentó con toda tranquilidad:

—Por tu cara, que de paso debo decir que es preciosa, y ya que el estimado Alessandro olvidó presentarnos. Permíteme hacerlo yo. Rafael De Luca, un placer, Valentina.

El nombre me hizo reaccionar de inmediato. Rafael De Luca. El enemigo número uno de Alessandro, el hombre que según el y sus sospechas estaba detrás de los que me querían ver muerta.

Alessandro dejó de mirarme por un segundo. Sus hombros se tensaron y todo su cuerpo cambió. Parecía dispuesto a atacar en cualquier momento. Pero Rafael ignoró por completo la tensión de Alessandro y clavó sus ojos claros en mí.

—Tengo que admitir que me habían hablado de ti, pero se quedaron cortos —continuó Rafael con una sonrisa—. Me dijeron que encontraría a una mujer humilde, pero veo que la heredera de Elena Salvatierra tiene carácter suficiente para poner este lugar patas arriba.

—Pues lamento decepcionarte, o quizá alegrarte, según lo que esperabas —respondí sin bajar la guardia, todavía alterada por lo ocurrido—. No suelo ser como la gente quiere.

Rafael soltó una risa corta y según me pareció sincera.

—Eso ya lo veo. Me gusta la gente que no tiene miedo de decir lo que piensa —comentó, mirando de reojo a Alessandro con evidente diversión—. Parece que el gran líder de los Moretti encontró un verdadero problema para llevar al altar. Aunque dudo que sepa qué hacer con una mujer que piensa por sí misma... se de primera mano que no le gusta que lo contradigan.

La respiración de Alessandro se volvió más pesada. La molestia y los celos se reflejaron en su rostro.

—De Luca —dijo Alessandro con una voz tan fría que hizo que el ambiente cambiara—. No te metas en asuntos que no te pertenecen. Si viniste buscando problemas esta noche, estás a punto de encontrarlos.

Rafael lo miró sin perder la sonrisa, claramente disfrutando de la reacción de Alessandro.

—Solo vine a felicitar al novio por su buen gusto y a conocer a la mujer que va a poner este imperio de cabeza —respondió Rafael con descaro, mirándome una última vez antes de darse la vuelta—. Aunque piénsalo bien, Valentina... pregúntale a tu prometido qué pasó con la mujer que estuvo antes que tú. Tal vez eso te haga replantearte este matrimonio.

Rafael se alejó con calma, dejándonos en medio de aquella tensión. Me volví hacia Alessandro con la rabia y las preguntas acumulándose dentro de mí, decidida a exigirle toda la verdad de una vez por todas.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo