Capítulo 26 Rosas blancas para calmar el alma

La desesperación de Adrián era palpable. Elena seguía temblando junto a la pared, con los ojos desorbitados y la respiración entrecortada, como un animal acorralado. Se rascaba los brazos con furia, dejándose marcas rojas en la piel, y murmuraba cosas incomprensibles. Adrián, con el rostro descompue...

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