Capítulo 1 Un cuento de hadas con un final postergado.
Eva.
Londres.
En la actualidad...
Después de cinco años, vuelvo a casa para conseguir lo único que me falta para ser feliz. El tiempo estipulado pasó y estoy decidida a acabar con todo esto de raíz.
Con mi mejor sonrisa de que aquí no ha pasado nada, entro en el edificio y aún todo está igual a como lo dejé ese día.
Noelia, la recepcionista me mira como si hubiese visto un fantasma. Estoy a punto de cerrarle la boca para que no vaya a tragarse una mosca, pero le sonrío con amabilidad, ella siempre fue buena.
—Se… señora.
—Hola, linda. ¿Él se encuentra aquí?
—Sí… está en su oficina y…
—Tranquila, no me anuncies, yo sé cuál es el camino. Además, no me quedaré mucho tiempo.
—Pe... pero, señora.
—Hazme caso, Noelia. No tardaré más de 5 minutos.
Le guiño un ojo, ella asiente y me entrega una tarjeta con manos temblorosas. Le agradezco con un asentimiento y me dirijo hacia los ascensores.
Por dónde paso, todo el mundo me mira. De verdad que no puedo creer que me vean como a un fantasma, pero debe ser así ¿no? Desaparecerte por 5 años y que nadie sepa de ti y ahora aparecer como si nada debe ser un gran impacto.
Las puertas del ascensor se abren y coloco la tarjeta en el lector.
Mientras sube hasta el último piso, me pregunto ¿Qué pasará cuando me vea?
Una sonrisa macabra, tal cual como me las dio él muchas veces, se refleja en el espejo del ascensor. Era mi momento, ya no existía esa Eva tonta ni buena que él destruyó. Ahora era una mujer de éxito en Estados Unidos y este viaje a Londres lo único que busca era por fin tener mi libertad.
Salí del ascensor, al abrirse las puertas camino por el largo pasillo en donde todo el mundo también me vuelve a ver y noto como muchos se impresionan.
Espero ver esa misma cara en Brown.
Abro la puerta de su oficina y como siempre la mustia de su amante está apoyada en el brazo de su silla.
—¿Evangeline? – sus ojos me ven con sorpresa. Como si estuviera viendo a su peor pesadilla. Eso era lo que quería ¿no? y, aunque a mí me tiembla hasta la conciencia, saco fuerzas de flaqueza y elevo mi voz en son de molestia.
—¡Largo de aquí! Tengo un asunto importante que hablar con MI esposo – o futuro ex.
Pensé que él diría algo, pero jamás me imaginé lo que le dijo.
—Ya la escuchaste, lárgate.
La mujer me mira con odio, pero de inmediato se levanta de su posición y camina a paso lento, se planta frente a mí y juro que quiere abofetearme, pero se contiene.
—Esto no se quedará así, querida.
Me dice al oído y me da un pequeño empujón. Yo me río con malicia y la dejo salir, cierro la puerta tras de mí y camino hasta quedar frente a él, le lanzo el sobre y me siento cruzando mis piernas.
—¿Qué es esto, Eva? ¿Dónde has estado todo este tiempo? ¿Qué hiciste con...?
Sus palabras quedan detenidas, cuando yo misma lo hago callar. Ahora yo soy la importante, no él.
—Lo que debí hacer hace cinco años, Connor. nos estoy liberando del mal acuerdo al que llegaste con mi padre.
Donde estuve no importa, solo me concierne a mí y con respecto a que hice con qué, no te entiendo, querido. Simple ¿no?
Me mira como intentando buscar d´nde está la trampa, saca los papeles del sobre y abre sus ojos cómo si lo que estuviera leyendo fuera una mentira. ¿Qué esperaba después de tanto tiempo? ¿Qué volviera con él como si nada? Pero el desgraciado no es tonto, vuelve a su postura de hombre de negocios y se burla de mí.
—Nuestro contrato era por 10 años, querida.
Dice en son de burla como intentando hacerme sentir mal, pero no se esperaba mi respuesta.
—Si lees el acuerdo prematrimonial que me hiciste firmar, te darás cuenta que si han transcurrido más de 5 años en que las partes no han estado juntas ni convivido como marido y mujer cualquiera de los dos puede solicitar el divorcio.
—Eso no es así, Eva. Tú fuiste la que desapareció por todos estos años y que me dejó solo aquí.
¿Eso fue un reproche? ¿Lo dejé solo? ¡Ja! El muy idiota cree que yo me voy a comer su actuación de marido abandonado.
—Por lo que veo no lo has pasado nada de mal, así que firma y cada uno sigue con su vida. Todos felices, como en los cuentos de hadas.
—¡No voy a firmar nada!
—No te conviene, Connor. Hazlo antes que se acabe mi oferta. Lee bien los documentos y tienes 48 horas o la oferta caduca y atente a las consecuencias..
—Tú no eres mi Evangeline.
—¿Será porque jamás fui tuya?
Me levanto de la silla y apoyo mis brazos en el escritorio, me inclino quedando a unos centímetros de su cara. Nuestras respiraciones chocan y su perfume amaderado invade mis fosas nasales. Lo veo tragar grueso.
Así te quería…
—Ya lo sabes, Brown. 48 horas ni un minuto más ni un minuto menos.
Bienvenidas a esta nueva historia, mi primera en NOVELAGO. Espero y les guste, me den su apoyo y la llenen de comentarios porque lo que se viene es con alevosíaa y premeditación.
