Alto riesgo

Noah tomó su rostro entre sus manos, obligándola a mirarlo a los ojos en la penumbra.

—Escúchame bien, Katia —su voz era baja, firme, desprovista de la urgencia de antes—. El miedo es natural. Pero no estás sola. Yo estoy aquí. Y me encargaré de que Ricardo no te toque un solo pelo, ni a ti ni a Es...

Inicia sesión y continúa leyendo