En tus malditos sueños

Noah se quedó quieto, como si le hubieran dado un puñetazo en pleno pecho. Katia lo miraba con los ojos encendidos, herida, furiosa, temblando.

—¿Eso es lo que soy para ti? —continuó ella, la voz quebrándosele—. ¿Un polvo rápido en tu despacho? ¿Eso le dijiste a ella?

Noah abrió la boca, pero ella...

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