Capítulo 2 Capitulo 2
El pabellón de cristal
El traje de montar de cuero negro se ajustaba a mi cuerpo como una segunda piel. Era una prenda diseñada para el combate, no para el cortejo. Mientras me miraba en el espejo antes de salir, recordé el vestido rosa de seda que había usado en mi vida pasada. Aquel vestido que Noah elogió con falsedad, llamándome "una flor delicada", mientras planeaba convertirme en su monstruo de guerra. Esta vez no había seda, ni encajes, ni debilidad. Solo cuero, botas altas y una daga de plata oculta en mi bota derecha.
Bajar las escaleras de la mansión Vance a la medianoche fue una tarea sencilla. Conocía cada rincón que crujía, cada sombra donde ocultarme. Mi padre y mi media hermana Elena dormían plácidamente en el ala principal, convencidos de que yo era solo un fantasma silencioso que no causaba problemas. No sabían que el fantasma ya había aprendido a morder.
Cruzar la ciudad y colarse en los jardines reales fue aún más fácil. Había pasado años defendiendo ese palacio; conocía los puntos ciegos de la guardia imperial mejor que los propios capitanes. Me moví entre los arbustos de rosas blancas como una sombra dorada, guiada por el sutil latido cálido en mi pecho. La marca de la Diosa de la Guerra seguía allí, una brasa ardiente que parecía alimentarse de mi determinación.
A lo lejos, el pabellón de cristal brillaba bajo la luz de la luna llena. Era una estructura hermosa y maldita, rodeada de un estanque artificial donde flotaban lirios de agua. Dentro de la estructura, una figura alta y esbelta esperaba de pie, mirando hacia el horizonte.
Noah.
El corazón me dio un vuelco defensivo, pero no por amor, sino por el eco del frío metal de la guillotina. Respiré hondo, forzando a mis puños a relajarse, y caminé con paso firme sobre el puente de piedra. El sonido de mis botas alertó al príncipe, quien se giró de inmediato.
Su rostro seguía siendo tan perfecto como lo recordaba. El cabello rubio perfectamente peinado, las facciones aristocráticas y esa mirada azul que parecía contener toda la sinceridad del mundo. Vestía una capa oscura sobre sus hombros para camuflarse, pero seguía desprendiendo el aura arrogante de la realeza.
Al verme, sus ojos se abrieron ligeramente, fijos en mi vestimenta de cuero negro en lugar del vestido que probablemente esperaba de una dama de la nobleza.
—Aria —dijo, dando un paso al frente con los brazos ligeramente abiertos, un gesto diseñado para proyectar vulnerabilidad y confianza—. Viniste. Temía que mi carta no hubiera llegado a tus manos.
—Llegó, Su Alteza —respondí. Mantuve mi voz plana, desprovista de la devoción temblorosa que solía mostrarle. Hice una reverencia rápida, apenas doblando las rodillas, lo justo para no ser acusada de desacato.
Noah entrecerró los ojos un milisegundo, sopesando mi actitud, pero rápidamente recuperó su máscara de amabilidad.
—Por favor, Aria, cuando estemos solos no me llames así. Solo soy Noah para ti —dijo, intentando dar otro paso para acortar la distancia. Su mano se extendió hacia mi mejilla, el mismo movimiento coreografiado que en mi vida anterior me había hecho perder la cabeza—. He oído hablar tanto de ti... De tu increíble fuerza, de cómo entrenas sola en el barro porque tu familia te ignora. Es una injusticia. El imperio necesita mujeres con tu fuego, no muñecas de porcelana como las de la corte.
En mi vida pasada, esas palabras me hicieron llorar de gratitud. Me sentí validada, vista, amada por primera vez. Esta vez, cada palabra me sonó como el crujido de una madera podrida.
Me eché un paso atrás, esquivando su mano con elegancia. El rostro de Noah se tensó de inmediato. Un Destello de molestia cruzó sus ojos azules antes de volver a ocultarse.
—Vayamos al grano, Su Alteza —dije, cruzando los brazos sobre el pecho—. Su carta decía que su vida corría peligro. No creo que me haya hecho cruzar la ciudad a medianoche solo para halagar mis habilidades de combate.
Noah parpadeó, desconcertado por mi frialdad. El guion que había preparado en su cabeza no se estaba cumpliendo.
—Es cierto —dijo, aclarándose la garganta y adoptando una postura más seria, de líder preocupado—. Mis espías en el inframundo han confirmado que una facción rebelde, aliada con el maldito Archiduque Kaelen, planea emboscar mi carruaje mañana por la tarde en el desfiladero de las Sombras. Iba a llevar a la guardia real, pero temo que haya un traidor entre ellos. Necesito a alguien externo. Alguien con un talento excepcional y cuya lealtad no pueda ser comprada. Necesito que seas mi espada oculta en esa ruta, Aria.
El desfiladero de las Sombras.
Recordaba esa emboscada perfectamente. En mi vida anterior, fui allí sola. Luché contra quince asesinos de élite. Recibí una puñalada en el hombro izquierdo que me dejó una cicatriz de por vida, todo para salvar el carruaje de Noah... un carruaje que, según descubrí años después, ¡iba completamente vacío!
La emboscada había sido organizada por el propio Noah usando mercenarios pagados. ¿Su objetivo? Probar si yo era tan poderosa como decían los rumores, obligarme a mancharme las manos de sangre por él y crear una deuda de gratitud emocional que me atara a su lado para siempre. Había arriesgado mi vida por un teatro.
—Una emboscada del Archiduque Kaelen... —repetí, saboreando el nombre de mi futuro aliado—. Qué terrible. Sin duda, el Archiduque es un hombre despiadado.
—Lo es —asintió Noah con vehemencia, creyendo que finalmente estaba ganando terreno—. Kaelen es un monstruo que busca desestabilizar la corona. Si me matan, el imperio caerá en el caos. Aria, sé que es mucho pedir, pero si me ayudas, te prometo que te sacaré de esa mansión. Te daré el reconocimiento que mereces. Te daré un lugar a mi lado.
"A mi lado." Sí, en las sombras de su cama mientras Elena se sentaba en el trono.
—Es una oferta tentadora, Su Alteza —dije, fingiendo pensarlo mientras caminaba hacia el borde del pabellón, mirando el agua del estanque—. Pero me temo que sus espías tienen mala información. O quizás, alguien le está tendiendo una trampa a usted.
Noah frunció el ceño, impaciente.
—¿A qué te refieres?
—Mañana por la tarde no habrá ninguna emboscada en el desfiladero de las Sombras —declaré, girándome para mirarlo directamente a los ojos. Dejé que una pizca del poder de la Diosa se filtrara en mi mirada, haciendo que mis ojos brillaran con un destello dorado casi imperceptible—. El Archiduque Kaelen no enviará a sus hombres allí. De hecho, los movimientos de suministro del ejército oscuro indican que están concentrando sus fuerzas en la frontera este, listos para asaltar el fuerte de la Roca Gris esta misma madrugada. Si usted envía a sus hombres o se enfoca en el desfiladero, perderá la fortaleza más importante de la frontera antes de que termine la semana.
Noah se quedó de piedra. El color pareció abandonar su rostro por un segundo.
—¿De qué estás hablando? Eso es imposible. Mis informes...
—Sus informes están obsoletos, Su Alteza —lo interrumpí, dando un paso hacia él, invadiendo su espacio con una confianza que lo obligó a retroceder a él ahora—. Si no me cree, envíe un mensajero de confianza al fuerte de la Roca Gris ahora mismo. Si la fortaleza no es atacada en las próximas tres horas, entonces iré al desfiladero mañana y mataré a los asesinos yo sola. Pero si tengo razón... sugiero que revise quién le entrega sus informes. Porque le están mintiendo en la cara.
La mente de Noah estaba en shock. Yo no debería saber nada de estrategia militar. No debería saber nada del Archiduque Kaelen, ni de la Roca Gris. Se suponía que era una bastarda ignorante que solo sabía mover una espada en el patio trasero de su casa.
—¿Cómo... cómo sabes tú eso? —preguntó, y por primera vez, su voz de príncipe perfecto flaqueó, revelando una genuina mota de miedo.
—Tengo mis propios métodos, Noah —dije, usando su nombre de pila con una familiaridad que sonó casi como una amenaza—. Digamos que el fuego me dice cosas que los espías ordinarios no pueden ver.
Me di la vuelta, dándole la espalda sin pedir permiso, y comencé a caminar hacia la salida del pabellón.
—¡Espera, Aria! —exclamó él, dando un paso adelante, extendiendo la mano para detenerme—. No hemos terminado de hablar. Si lo que dices es verdad... necesito que te quedes en el palacio. Necesito tus habilidades estratégicas.
Me detuve en el puente de piedra, pero no me giré.
—Haga la comprobación de la Roca Gris primero, Su Alteza. Mañana sabrá si soy una aliada útil... o alguien a quien debería empezar a temer. Buenas noches.
Me desvanecí entre las sombras de los jardines antes de que pudiera responder. Mientras me alejaba, una risa silenciosa y vibrante brotó de mi pecho. El calor en mi clavícula latía con fuerza, aprobando mis acciones.
Había cambiado el primer evento del pasado. Noah no obtendría su falsa emboscada, no me vería sangrar por él y, lo más importante, acababa de salvar el fuerte de la Roca Gris. ¿Por qué? Porque en mi vida pasada, la caída de ese fuerte fue lo que inició la guerra abierta, una guerra que Kaelen ganó parcialmente. Al alertar a Noah, estaba alterando los planes de Kaelen.
Obligaría al mismísimo Archiduque Oscuro a investigar quién había arruinado su ataque sorpresa. Mañana, Kaelen estaría buscando desesperadamente la identidad de la persona que filtró la información.
Y yo me encargaría de que me encontrara.
