Capítulo 30 Miradas

Los días en la cabaña se estaban acabando, y Alejandra se sentía muy mal como para poder salir de su cuarto:

—Dios... Mi cabeza... —sollozó.

—Toma, debes estar sedienta —escuchó la voz de Tomás.

Se acomodó en la cama y lo observó detenidamente, estaba con un jugo de naranja:

—Lo preparé para ti, q...

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