Capítulo 2 La noche de copas en que perdió la virginidad. Parte 2.
“No hagas algo de lo que vas a arrepentirte, una vez que Satán pone su mirada sobre ti, jamás podrás escapar.”
Aquella advertencia no había sido escuchada por Alice, quien había salido de aquel bar después de la media noche, en los brazos de aquel candente y tatuado hombre que le había lanzado aquella frase como si se tratase de una profecía.
Mareada por el alcohol en su sistema, poco o nada le importaba lo que estaba a punto de hacer, después de todo, aquel hombre que había sido su prometido durante un año y su novio durante tres, la había abandonado sin más por considerarla sosa, aburrida y virginal, y todos se habían burlado de ella por no ser lo suficientemente atrevida.
—No me importa estar en la mirada de Satán, si Satán es bueno en la cama, entonces quiero probarlo. — respondió Alice sin remordimiento algo.
Elijah sonrió, sentándola en sus piernas después de subir con ella en su lujosa limusina, la miró directamente a aquellos ojos grises de tormenta que lo estaban encantando.
—Descubrirás, cariño, que nadie es mejor que yo en la cama, hare que te mojes para mi y voy a tomarte una y otra vez como nadie lo ha hecho antes. — respondió Elijah para luego comenzar a besar su cuello.
Alice soltó un gemido que se le escapó de manera involuntaria; jamás había hecho nada tan atrevido como aquello, y durante un segundo sintió temor, ella era virgen aun, y en realidad no tenía ni idea de lo que estaba por ocurrir, pero no quería detenerse, ya no quería ser esa Alice seria y aburrida de la que todos se aprovechaban y burlaban. Esa noche dejaría de ser virgen en los brazos de aquel apuesto hombre de cabellos negros cuyos tatuajes le encantaban, y nadie iba a detenerla.
—Entonces, Satán, demuéstrame que lo que dices es verdad. — respondió Alice sintiendo oleadas de placer que experimentaba por primera vez.
Elijah, embriagado por el dulce aroma del perfume de aquella chica de aire inocente, sin recato alguno le arrancó aquella blusa que llevaba puesta dejando al descubierto sus redondos senos que estaban cubiertos por un brasier de encaje blanco que los hacia lucir apetecibles. Sin embargo, deseoso de mirar aquellos botones ocultos, tomó aquella delicada prenda entre sus dedos para arrancarla del cuerpo de delicada piel lechosa de la hermosa rubia que parecía verdaderamente extasiada de su atrevimiento.
Sonriendo malicioso, y admirando con hambre aquellos delicados botones de rosa que coronaban su vista, se prendió de uno de ellos probándolo con desespero. Aquella mujer era deliciosa, y se había descubierto disfrutando de ella como nunca antes había disfrutado de ninguna mujer. Su virilidad se hinchó de golpe, y pronto estuvo tan duro que comenzaba a sentir desesperación por tomarla.
Alice sintió como un choque eléctrico le recorrió la espina dorsal en el momento mismo en que aquel caliente hombre se había prendido de uno de sus rosados pezones, succionándolo con tal fuerza que sentía como todo su cuerpo se estremecía de un placer jamás antes experimentado.
—Eres deliciosa, mi dulce ángel. — dijo Elijah extasiado de placer. — pero esto, no es suficiente. — terminó de decir, para luego tomar de la cintura a aquella hermosa mujer, para recostarla en el asiento de enfrente.
Sorprendida de aquello, Alice se sonrojó con tremenda intensidad.
—¿Qué es lo que haces? — cuestionó entre asustada y nerviosa al sentir como aquel candente hombre de cabellos negros se metía debajo de su falda.
—Te voy a regalar un orgasmo tan intenso, que jamás te vas a poder olvidar de mí. — respondió Elijah con placer.
En ese momento, todos los colores del mundo se le subieron a Alice desde la planta de sus pies hasta su rostro, al sentir como la caliente y húmeda lengua de aquel hombre comenzaba a recorrer su sagrada y virginal intimidad. La lengua de Satán recorría su botón oculto y parecía que jugaba con él, regalándole sensaciones tan deliciosas e intensas que comenzaba a sentirse mareada.
—Ah… — gemidos comenzaban a escapar desde la garganta de Alice sin que ella pudiese hacer algo para reprimirlos, pues aquel placer era tan intenso que la hacía sentir que estaba tocando las nubes en ese momento.
Elijah escuchaba aquellos dulces gemidos; la voz de aquella mujer era tan dulce y suave como su sabor lo era, y él se sentía tan excitado que la dureza de su virilidad comenzaba a dolerle de desesperación deseando hundirse entre los pliegues femeninos de aquella joven y hermosa mujer.
Cuando la limusina se detuvo frente a un lujoso edificio de departamentos frente al Big Ben, Elijah salió con Alice en sus brazos para entrar con ella en su sitio más reservado y privado; el temido mafioso nunca antes había llevado a ninguna mujer a su lugar sagrado, pero aquel ángel del que había quedado en aquel bar, lo había flechado desde el instante mismo en que la vio entrar sollozando.
—Quiero que sigas… — musitó Alice embriagada de alcohol y de placer, deseando sentir como aquel poderoso hombre la tomaba y le arrebataba la virginidad que para Mathew el traidor había estado reservando.
—Pequeña, te voy a hacer completamente mía, y te daré la mejor noche de toda tu vida. — respondió Elijah para luego besar los labios de la hermosa rubia con una pasión desenfrenada.
Entrando en aquel lujoso departamento, Alice y Elijah se besaron con desespero, y arrancando cada prenda de sus cuerpos, se tocaban con verdadera ansiedad y desesperación.
Volviendo a tomar a la hermosa mujer en sus brazos, Elijah caminó con ella ya completamente en su traje de Eva admirando cada curva en su bellísimo cuerpo; era hermosa, realmente perfecta, y la desesperación por hundirse en ella se volvía una verdadera urgencia y necesidad.
Recostándola sobre su cama, Elijah observó la figura de aquel ángel que se había llevado a su hogar, y admiró su belleza como nunca había admirado a ninguna otra mujer.
—Eres perfecta…dime, ¿Cuál es tu nombre? — le cuestionó.
Gimiendo de placer ante el toque seductor de aquel caliente hombre, la hermosa rubia musitó.
—A-Alice…mi nombre es Alice. — respondió.
Elijah sonrió malicioso.
—Pues Alice, voy a hacerte mía y te voy a llevar a un mundo de mil maravillas. — respondió Alice.
Elijah se mostró ante Alice, y la hermosa rubia se sorprendió por la gran y gruesa longitud de aquel caliente hombre. Pero decidida a continuar, lo miró seductoramente.
—Entonces, llévame. — respondió.
Con aquel permiso otorgado, Elijah se colocó entre las piernas de su hermoso ángel, y poco a poco comenzaba a entrar en aquellos apretados pliegues femeninos, Alice sintió como si aquel caliente y poderoso hombre la estuviese partiendo a la mitad, y algunas lágrimas comenzaron a acumularse en sus preciosos ojos grises.
En ese momento Elijah lo comprendió al toparse con aquella barrera que le impidió continuar con normalidad. Mirando a los ojos llorosos de la hermosa joven, sonrió con una satisfacción brutal que le inundó el pecho de orgullo y lo sobrecogió con un sentimiento de posesividad como nunca antes experimentó.
—Eres virgen…eres completamente pura, y yo soy el primero en ti…y me aseguraré de ser el último…desde este momento, tu, Alice, me perteneces. — y con un solo movimiento después de decir aquellas palabras, Elijah se llevó aquella preciada virginidad de Alice, quien sintió como todo su cuerpo se retorció de dolor.
Esperando a que la hermosa mujer que estaba tomando se acostumbrara a su longitud, Elijah comenzó luego a moverse despacio para no lastimarla mucho más de lo que ya lo había hecho, aquel sentimiento de posesividad que sentía lo estaba enloqueciendo; se sentía dueño de aquella hermosa mujer, y no le permitiría alejarse de él.
—Ah...ah... — Alice gemía de placer, el dolor había pasado, dando lugar a un placer indescriptible que la hacía tocar el cielo.
Viendo el placer reflejarse en el rostro de la hermosa mujer, Elijah sentía estallar de deseo, y sus estocadas comenzaban a ser mucho más feroces y desesperadas. Alice gemía sin control alguno, sintiéndose deseada y deseando que aquel caliente hombre la siguiera tomando.
Después de un largo y placentero rato, Elijah y Alice finalmente estallaban juntos en un poderoso clímax que los hizo tocar las nubes con las manos, y la caliente semilla del poderoso mafioso, había llenado el vientre de aquella hermosa rubia que gemía cansada de placer.
Tomándola entre sus brazos, Elijah besó los labios de la hermosa rubia y acarició su hermoso rostro.
—Ahora eres mía, Alice, eres propiedad de Satán y jamás te voy a dejar ir. — aseguró Elijah con posesión.
Cansada de aquella placentera faena, Alice se había quedado dormida entre los brazos de aquel caliente hombre tatuado.
