Capítulo 24 24

—Eso no puede pasar.

Maelis seguía mirando la línea dorada bajo mi piel.

—Ya pasó.

—Muy útil.

Levanté la mano hacia la poca luz que entraba por una grieta. El hilo empezaba en mi palma y desaparecía hacia la muñeca.

—¿Hasta dónde llega?

—Déjame ver.

—Despacio.

Sus dedos rodearon mi muñeca.

El calor ...

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