Capitulo 2
—Bien, hermano... Como digas. Siempre arruinando la fiesta...
Pasa por su lado, camina hacia la puerta, la abre y la cierra de un portazo, dejándonos a todos pasmados. Tyler y Maddy están mirándonos con cara de WTF?, y los demás igual. Yo comienzo a ponerme mi blusa y le espeto a Dante:
—No tenías por qué hacer eso... Sé lo que estoy haciendo... Además, me importa tres hectáreas de mierda ser la hermana de Mike y que tú seas su mejor amigo... Esto es solo un maldito juego. No tenías por qué tomártelo tan en serio...
Me aparto de ellos y salgo de la habitación, cabreada también. Quería humillar un poco más a Eryx. Sabía que estaba poniéndose duro; lo noté por cómo comenzó a mirarme. Sé que no está bien humillar a las personas, pero es que estos tipos en serio despiertan lo maldita que hay en mí. Y, amigos, eso es malo, porque estas cosas seguirán pasando, y dudo que ellos las dejen pasar así como así.
Eryx
Maldición, mierda. Estoy bajando las escaleras hecho una furia. Dante se está comportando extraño con esa chica. A él jamás le ha importado que le pida a alguna chica que se desnude para nosotros. No creo que sea por Mike, como dice. Mierda. Termino de bajar las escaleras y me detengo de golpe. El creciente bulto en mi pantalón me hace maldecir una vez más.
Regreso por las escaleras hacia arriba en busca de un puto baño. Cuando doblo en la esquina, viene JJ con cara de asesina en serie. Nos vemos un instante, y su mirada se desplaza hasta mi entrepierna ligeramente abultada. Se logra ver porque el puto jean que llevo puesto es bien ajustado.
Maldigo para mis adentros mientras una sonrisa de triunfo se dibuja en sus labios y una ceja se eleva en su hermoso rostro. Mierda, ¿por qué demonios tiene que ser tan hermosa pero tan malditamente irritante? Se acerca a mí y me comenta divertida:
—Creo que alguien estaba realmente feliz de verme... ¿Curioso, no?
Pasa por mi lado, pero no lo resisto. La tomo del brazo, abro la puerta del baño y la meto dentro. Cierro tras de mí mientras la escucho quejarse y soltar insultos en mi contra. Cuando me volteo y la suelto, está mirándome con odio:
—Eryx, ¿qué estás haciendo? Abre la maldita puerta y déjame salir...
Esta vez soy yo quien sonríe triunfante y le respondo:
—¿Por qué? ¿Tienes miedo?
Ella suelta una carcajada ruidosa, y me parece la risa más linda que he escuchado en mi puta vida. Mierda, ¿qué estoy pensando? Ella me responde:
—¿Miedo? ¿De ti? Ja, ni prendida en fuego me darías miedo...
Doy un paso hacia ella y veo cómo su cuerpo se tensa, pero no se mueve de donde está. Mierda, es tan terca y orgullosa. Doy otro paso hacia ella, acortando aún la distancia que nos separa, y le respondo con picardía:
—Yo creo que tienes miedo...
Ella vuelve a reír y niega con la cabeza. Coloca sus manos detrás de su espalda y me responde:
—¿Y por qué debería tenerte miedo, exactamente? A ver, ilumíname...
Doy un paso más hacia ella, y estoy apenas a un paso más de estar prácticamente pegado a su cuerpo. Sonrío con malicia y le respondo:
—Porque no hay chica que no caiga por un Wolf, nena... Y tú no eres muy diferente de otras chicas, ¿o me equivoco?
Mi respuesta la hace reír, cosa que me agrada. Me fascina la seguridad que desprende, la seguridad con la que me enfrenta. Pero estoy demasiado seguro de mí mismo, tanto o más que ella, y sé que si me acerco más, algo en ella cambiará.
Por lo que termino de acortar el pequeño espacio que nos separaba. Ella da un paso atrás, por fin reaccionando y haciéndome saber que sí la he afectado al menos un poco. Doy un paso más, y está acorralada entre yo y la pared. Sube su rostro para poder observarme a los ojos.
Mi respiración se funde con la de ella. Mierda, huele delicioso. Es fuerte pero sutil al mismo tiempo. Sus ojos azules siguen desafiándome. Acerco mi rostro hasta ella, pero sin juntar nuestras bocas. La veo sonreír, pero hasta allí llego. No me muevo un centímetro más, y le susurro:
—¿Segura que no tienes ni un poco de miedo?
La veo tragar duro y me responde, sin embargo, con una seguridad que me sorprende:
—Segurísima...
Muerdo mi labio inferior, aguantando las ganas que siento en este instante de estampar mis labios contra los de ella. La siento temblar ligeramente, y es la señal que necesito para hacerlo. Estampo mi boca contra la suya con pasión. Sus labios son dulces, suaves, carnosos y llenos de promesas sexuales que me hacen gruñir. Ella abre su boca y recibe el beso. Su lengua busca la mía, y la siento gemir en mi boca. Muerde mi labio inferior y luego me empuja. Yo me echo atrás con una sonrisa triunfante, y ella se acerca a mí con rapidez y estampa una cachetada en mi mejilla que me hace girar la cara a un costado. Mierda, qué fuerza tiene. Volteo a verla con odio, y me espeta:
—Ni se te ocurra volver a poner tus asquerosas manos sobre mí otra vez, Wolf, o te juro que te vas a arrepentir...
Sin darme tiempo de responder, se gira, abre la puerta y la cierra de un portazo. Yo comienzo a reír, sobándome la cara. Un sabor metálico en mi boca me advierte que estoy sangrando. Me acerco al lavamanos y me miro en el espejo. Tengo un pequeño corte en el labio. Mierda, hija de puta loca. Sonrío y acaricio mis labios. Ese beso me gustó, y lo que más me gustó fue que ella lo respondió. Por muy cabreada que haya estado, me devolvió el beso, y eso me divierte.
