Enfrentando la presión
Charlotte
A la mañana siguiente, regreso a la oficina con un nudo en el estómago. El recuerdo de la mirada fría y las palabras condescendientes de Richard me atormenta, pero estoy decidida a no dejar que me afecte. Necesito demostrarle a él y a mí misma que soy capaz.
Llego más temprano de lo habitual, con la esperanza de prepararme mejor para el día. Coloco mi cuaderno de cuero en el escritorio y empiezo a revisar las notas de la reunión de ayer, tratando de entender en qué me equivoqué y cómo puedo mejorar. La oficina está tranquila, con solo el suave sonido de las teclas siendo presionadas por los pocos colegas que ya han llegado.
Richard entra a la oficina unos minutos después, con una expresión severa en su rostro. Ni siquiera me mira mientras se dirige a su despacho, y mi corazón se hunde un poco. Trato de concentrarme en mis tareas, pero la tensión en el aire es palpable.
Alrededor de las 10 a.m., Richard me llama a su oficina. Respiro hondo y camino hacia allí, tratando de prepararme para lo peor.
—Charlotte —comienza, sin levantar la vista de los papeles frente a él—. Necesito que redactes un informe detallado de la reunión de ayer. Lo quiero en mi escritorio al final del día.
—Por supuesto, señor Anderson —digo, sintiendo cómo aumenta la presión.
—Además —continúa, finalmente levantando la mirada para encontrarse con la mía—. Tenemos una presentación importante mañana. Necesito que prepares todos los materiales necesarios y te asegures de que la sala de conferencias esté impecable. Todo debe estar perfecto.
Asiento, tratando de ocultar mi nerviosismo. —Sí, señor. Me encargaré de ello.
Me observa por un momento, como si evaluara mi capacidad para manejar las tareas. —Espero que estés a la altura, Charlotte. No quiero tener que corregir errores innecesarios.
Siento que mi rostro se enrojece de vergüenza y rabia contenida, pero mantengo la compostura. —Haré lo mejor que pueda, señor Anderson.
—Bien —dice, volviendo su atención a los papeles en su escritorio—. Puedes retirarte.
Salgo de su oficina y regreso a mi escritorio, tratando de no dejar que las lágrimas caigan. Respiro hondo y empiezo a trabajar en el informe de la reunión, revisando mis notas y tratando de organizar la información de manera clara y concisa. Sé que necesito concentrarme y hacer un trabajo impecable.
El día pasa en un torbellino de tareas, reuniones y llamadas telefónicas. Richard apenas me habla, excepto para dar instrucciones breves y directas. La tensión es constante, y cada error parece amplificado por su mirada crítica.
Al final del día, finalmente termino el informe y lo llevo al escritorio de Richard. Toma el documento sin dar las gracias y empieza a hojearlo mientras aún estoy allí.
—Esto está mejor —dice finalmente, sin levantar la vista—. Pero aún hay margen de mejora. Sigue así.
—Gracias, señor Anderson —respondo, tratando de ocultar mi alivio.
Cuando salgo de su oficina, siento una mezcla de alivio y agotamiento. Sé que todavía tengo mucho que demostrar, pero cada pequeña victoria me da esperanza de que puedo superar estos desafíos.
A la mañana siguiente, llego aún más temprano para preparar la presentación. Organizo los materiales, reviso el proyector y preparo la sala de conferencias. Quiero que todo esté impecable, sin margen para críticas.
Richard entra a la sala poco antes de que comience la reunión, inspeccionando todo con ojo crítico. Asiente, satisfecho, pero no dice una palabra de elogio.
Durante la presentación, tomo notas de todos los puntos importantes, asegurándome de capturar cada detalle. Richard conduce la reunión con confianza, y yo me concentro en no perder nada.
Cuando la reunión termina, se acerca a mí y dice en voz baja —Buen trabajo hoy. Sigue así.
—Gracias, señor Anderson —respondo, sintiendo una pequeña ola de satisfacción.
Mientras estoy ordenando la sala después de la reunión, Richard se acerca de nuevo. —Charlotte, necesito hablar contigo sobre algo importante.
—¿De verdad? —pregunto, tratando de ocultar mi ansiedad.
—Sí —responde, con un tono serio—. Tenemos un viaje de negocios programado para la próxima semana. Será una serie de reuniones importantes con nuestros socios en la costa oeste. Necesito que me acompañes y te encargues de toda la logística y organización.
Mi corazón late con fuerza ante la noticia. Viajar por trabajo con Richard parece intimidante, pero también es una oportunidad increíble. —Por supuesto, señor Anderson. Me prepararé para ello.
—Espero que estés lista para manejar la presión —dice, mirándome directamente a los ojos—. Estas reuniones son cruciales para nuestra empresa, y no puedo permitir errores.
—Entiendo, señor —respondo, tratando de sonar confiada—. Haré lo mejor que pueda.
—Genial. Prepara todos los materiales y asegúrate de que todo esté organizado antes de que nos vayamos —ordena, antes de darse la vuelta y salir de la sala.
Paso el resto de la semana preparándome para el viaje, organizando documentos, confirmando reservas y revisando horarios. La presión es intensa, pero estoy decidida a demostrar mi valía. Sarah me ofrece consejos y apoyo, lo cual ayuda a aliviar parte de la ansiedad.
La mañana del viaje, llego a la oficina con una pequeña maleta y todos los materiales necesarios. Richard ya está allí, revisando algunos documentos.
—¿Lista? —pregunta, sin levantar la vista.
—Sí, señor —respondo, sujetando mi maleta con fuerza.
—Veremos —murmura, recogiendo su propia maleta y dirigiéndose a la puerta—. Espero que estés a la altura de las expectativas, Charlotte.
Salimos de la oficina y tomamos un taxi hacia el aeropuerto. El viaje es silencioso, con Richard concentrado en sus documentos y yo repasando mentalmente todo lo que necesito hacer.
En el aeropuerto, pasamos rápidamente por seguridad y abordamos el avión. Durante el vuelo, Richard continúa revisando papeles, mientras yo trato de concentrarme en mis propias preparaciones.
Cuando finalmente aterrizamos, nos recibe un coche que nos lleva al hotel. Richard me entrega una lista de tareas para la noche y me instruye para que todo esté listo para la primera reunión del día siguiente.
Trabajo hasta tarde, revisando horarios, organizando documentos y asegurándome de que todo esté perfecto. Sé que los próximos días serán desafiantes, pero estoy lista para enfrentar cada obstáculo.
Al día siguiente, asistimos juntos a la primera reunión. Richard lidera la conversación con confianza, mientras yo tomo notas detalladas, asegurándome de capturar cada detalle importante.
Después de la reunión, me da una mirada evaluativa. —Buen trabajo hasta ahora, Charlotte. Sigue así, y tal vez logres mantener este trabajo.
Siento una mezcla de alivio y determinación. Sé que aún hay mucho que demostrar, pero estoy lista para enfrentar cada desafío que se presente. Richard puede ser duro y arrogante, pero le demostraré que soy capaz.
Los días siguientes son intensos, con reuniones consecutivas, poco tiempo para descansar y mucha presión. Pero cada pequeño éxito me da más confianza y me acerca al respeto que tanto deseo.
Una noche, después de un largo día de reuniones, Richard sugiere que cenemos en el restaurante del hotel para discutir las preparaciones para el día siguiente. Acepto, ansiosa por mostrar mi dedicación y disposición.
Sentados en la mesa del restaurante, la atmósfera es inicialmente formal, pero a medida que avanza la noche, Richard parece relajarse un poco. Comparte algunas historias sobre su carrera y, por un momento, casi parece humano.
—Lo estás haciendo bien, Charlotte —dice finalmente, mirándome con una mirada que es casi... cálida—. Es raro encontrar a alguien tan dedicado y meticuloso.
—Gracias, señor Anderson —respondo, sintiendo que me sonrojo bajo su mirada—. Estoy haciendo lo mejor que puedo para cumplir con las expectativas.
—Puedes llamarme Richard —dice, con una pequeña sonrisa—. Estamos en un entorno más informal ahora.
—Por supuesto, Richard —digo, tratando de ocultar mi nerviosismo.
Hace una pausa y luego pregunta —Cuéntame sobre tu vida, Charlotte. ¿Cómo llegaste aquí?
La pregunta me toma por sorpresa, pero veo una curiosidad genuina en sus ojos. —Bueno, me gradué en moda, pero el mercado no era fácil. Terminé acumulando deudas y necesitaba encontrar un trabajo que pudiera pagar las cuentas. Así fue como terminé en Anderson Holdings.
Richard asiente lentamente, pareciendo interesado. —¿Y tu familia? ¿Te apoyan en este camino?
—Siempre —respondo, sonriendo al pensar en mi madre—. Mi madre es mi mayor apoyo. Siempre creyó en mí, incluso cuando yo dudaba de mí misma.
—Eso es bueno —dice suavemente—. Tener a alguien que cree en ti hace toda la diferencia.
La conversación continúa de manera inesperadamente agradable. Richard comparte un poco sobre su propio camino, las dificultades que enfrentó al principio de su carrera y cómo llegó a donde está. Por un momento, somos solo dos personas hablando, sin la presión de los negocios o las expectativas.
Cuando finalmente nos levantamos para irnos, él toca ligeramente mi brazo. —Tienes mucho potencial, Charlotte. No dejes que los pequeños fracasos te derriben. Aprende de ellos y sigue adelante.
Siento un calor que se extiende por mí al escuchar sus palabras. —Gracias, Richard. Eso significa mucho para mí.
De camino a nuestras habitaciones, el silencio entre nosotros es cómodo, casi de compañerismo. Siento que, por primera vez, él me ve como algo más que su asistente.
Los días siguientes, la tensión entre nosotros se alivia un poco, y la colaboración se vuelve más fácil. Sigo trabajando duro, pero ahora con una confianza renovada, sabiendo que estoy empezando a ganarme el respeto y la confianza de Richard.
Al final de la semana, cuando regresamos a la oficina, me siento exhausta pero satisfecha. Sé que aún tengo un largo camino por recorrer, pero estoy decidida a seguir demostrando mi valía y a construir una carrera exitosa en Anderson Holdings.
