Capítulo treinta

Mi madre apareció ante mí y me agarró las manos. Estábamos en un estado de sueño juntas y ella solo me sonreía. Podía sentir cómo mi resplandor se transfería de mi cuerpo al suyo. Bajó la cabeza y cuando la levantó de nuevo, me miró con los ojos más brillantes y cristalinos que jamás había visto. Me...

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