Capítulo 37 Voces en el horizonte

La casa en el acantilado se convirtió en nuestro refugio durante las siguientes semanas. El sonido constante de las olas rompiendo contra las rocas borró poco a poco el eco de las sirenas y los gritos de la ciudad.

Por fin podíamos dormir sin mirar la puerta cada cinco minutos.

Una mañana, mientra...

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