Capítulo 21 La marca que no se estuvo quieta

La marca no se estuvo quieta.

Desde que el caballo de Kael se perdió entre los pinos del este, el pulso del cuello se me volvió brújula. Tiraba. Caliente. A ratos tan hondo que me doblaba sobre la mesa. No era fiebre. Era él. El hilo ya no pedía permiso para avisarme.

El tablón estaba atravesad...

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