Entregada al Alfa Enemigo
608 Vistas · En curso · Cristo Isaac
Mi hermana se quedó con el hombre que yo amaba.
Mis padres se quedaron con la paz.
A mí me entregaron al enemigo.
Liora Calderón siempre fue la hija de más. La que sobraba en la mesa, en los vestidos, en la mirada de Nicolás Reyes. El mismo Nicolás que la humilló frente a toda la ciudad la noche en que anunció su compromiso con Valeria, la favorita, la perfecta, la que nunca tuvo que pedir permiso para existir.
Cuando la guerra entre humanos y hombres lobo amenaza con quemar su linaje, los Calderón no ofrecen oro. Ofrecen a Liora.
Un tributo.
Una esclava.
Un cuerpo para que el Alfa de Colmillo Negro haga con ella lo que le plazca.
Kael Draven no es un príncipe. Es el enemigo. Le pone un collar, le enseña las reglas de su torre y le prohíbe olvidar lo que es: propiedad de la manada. Pero en sus ojos dorados hay algo que no encaja con el odio. Algo que gruñe cuando otro lobo se le acerca. Algo que la mira como si el destino se hubiera equivocado de hermana… o hubiera acertado demasiado.
Liora llegó dispuesta a sobrevivir. No a desear al monstruo que la compró. Y mucho menos a descubrir que el hombre que la rechazó quiere recuperarla… ahora que ya no le pertenece.
En Colmillo Negro el amor no se pide.
Se marca.
Y las marcas no se devuelven.
Mis padres se quedaron con la paz.
A mí me entregaron al enemigo.
Liora Calderón siempre fue la hija de más. La que sobraba en la mesa, en los vestidos, en la mirada de Nicolás Reyes. El mismo Nicolás que la humilló frente a toda la ciudad la noche en que anunció su compromiso con Valeria, la favorita, la perfecta, la que nunca tuvo que pedir permiso para existir.
Cuando la guerra entre humanos y hombres lobo amenaza con quemar su linaje, los Calderón no ofrecen oro. Ofrecen a Liora.
Un tributo.
Una esclava.
Un cuerpo para que el Alfa de Colmillo Negro haga con ella lo que le plazca.
Kael Draven no es un príncipe. Es el enemigo. Le pone un collar, le enseña las reglas de su torre y le prohíbe olvidar lo que es: propiedad de la manada. Pero en sus ojos dorados hay algo que no encaja con el odio. Algo que gruñe cuando otro lobo se le acerca. Algo que la mira como si el destino se hubiera equivocado de hermana… o hubiera acertado demasiado.
Liora llegó dispuesta a sobrevivir. No a desear al monstruo que la compró. Y mucho menos a descubrir que el hombre que la rechazó quiere recuperarla… ahora que ya no le pertenece.
En Colmillo Negro el amor no se pide.
Se marca.
Y las marcas no se devuelven.


















































