Capítulo 6 Capitulo 6

La mano seguía en mi muñeca cuando amaneció.

No como un amante. Como un precinto. Kael la soltó en cuanto abrí los ojos, como si el alba le devolviera el derecho a no tocarme. Se levantó sin mirarme, se puso la camisa negra y habló hacia la ventana, donde el bosque todavía no decidía si era de ...

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