Capítulo 7 Capitulo 7

Me despertó el frío de la muñeca vacía.

Kael ya estaba de pie, la capa mía —la de él— doblada sobre el baúl, dos cuchillos sobre la mesa. Uno de verdad. Uno romo. El romo me lo empujó con dos dedos.

—Baja. Come de pie. Trae las botas grandes. Hoy no te paseo: te enseño. Si te llevan, no quiero...

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